Ciudad de México.- Madres, padres y colectivos buscadores suplicaron a la Arquidiócesis de México que visibilice a sus víctimas y las identifique como "desaparecidos", no como "ausentes". La petición se realizó durante un Diálogo Nacional por la Paz de tres horas convocado por el Arzobispado.
Aproximadamente 50 integrantes de colectivos de Michoacán, Puebla, Morelos, Chiapas, Estado de México y Ciudad de México expusieron sus casos. Relataron las dificultades para obtener respuesta de las autoridades:
"He tocado las puertas de inmensidad de políticos e instituciones. En Álvaro Obregón, el alcalde ni siquiera se ha dignado a abrirme la puerta", declaró Carolina Jiménez Guerrero, quien busca a su hermano Sergio Gerardo, desaparecido desde octubre de 2023.
El encuentro contó con la presencia del obispo auxiliar de México, Francisco Javier Acero Pérez, y del sacerdote jesuita Jorge Atilano González Candia, coordinador del Diálogo Nacional por la Paz. El religioso identificó tres crisis que explican la gravedad del problema: "Hay una crisis de las fiscalías, lo que encontramos en las fiscalías es que no hay quien sancione la mala actuación, ni quién sancione la omisión". Añadió que existe una "crisis de seguridad" y una "crisis forense", pues "no existen las herramientas para la identificación de los cuerpos".
Las familias señalaron que incluso dentro de la Iglesia se omite la palabra "desaparecido". Una madre expuso que en las misas se ofrecen intenciones por las personas sin usar ese término: "Hoy nos preguntamos dónde están los desaparecidos, y mañana nos podemos preguntar dónde estaba la Iglesia cuando no sabíamos dónde estaban los desaparecidos", afirmó uno de los padres presentes.
La titular de la Comisión Nacional de Búsqueda, Martha Lidia Pérez Gumercindo, llegó a la última hora tras viajar desde Oaxaca. Las autoridades eclesiásticas se comprometieron a sistematizar las propuestas de buenas prácticas presentadas por los colectivos, como la creación de unidades municipales de búsqueda, para presentarlas formalmente al Estado mexicano. El padre Atilano confirmó que la Secretaría de Gobernación pidió a la Iglesia actuar como intermediaria entre los colectivos y las autoridades.
El obispo Acero pidió perdón a las familias de personas desaparecidas en nombre de la Iglesia Católica. Reconoció que durante un tiempo la institución "estaba mirando a otro lado, preocupados por nosotros mismos". El encuentro con colectivos de búsqueda se celebró nuevamente en la Curia de la Arquidiócesis de México y se planea tenerlo de forma regular cada mes.
"Si no las hemos recibido adecuadamente, si no hemos orado como nos pedían, perdónennos", declaró Acero. Afirmó que en ocasiones los obispos no actuaron "adecuadamente por miedo y desconocimiento". Dijo que la propuesta de la Iglesia es la unidad para alcanzar la paz, una unidad que no significa uniformidad, sino "unidad en la diversidad".
El mensaje incluyó una reflexión sobre el dolor de las familias: "Sé que cuando se despiertan su primera imagen es la de su hijo/a desaparecido", expresó. Abordó la preocupación de la Iglesia sobre la "globalización de la indiferencia" pues se ha convertido en una "globalización de la impotencia" que "nace de una mentira, de creer que esta historia siempre ha sido así y no podrá cambiar".
Acero extendió la disculpa a las familias: "Como actores sociales les pedimos perdón, porque no hemos sabido construir una sociedad en paz y nos hemos hecho insensibles ante la rabia de unos padres que buscan a sus hijos desaparecidos". Alertó sobre la normalización de la violencia: "Nos acostumbramos a la muerte, los tiros en la calle y un sinfín de gestos violentos que ya no llaman la atención".
En su mensaje, el obispo también definió el rol de la Iglesia en este contexto de crisis de violencia y desapariciones en México; aseguró que no pretenden ser una posición partidista: "No somos partido de oposición. Somos Iglesia de Cristo, llamada a reconciliar a todos los hermanos". Enfatizó que su misión es "anunciar la verdad con amor" y "filtrar la Verdad a todas las instancias del país con el único interés de defender la dignidad humana".
Desde ese interés, el obispo hizo un respetuoso llamado a las autoridades para que "abran las puertas de las instancias oficiales para escuchar a estas familias que día a día sufren y dejen de despreciarlas no recibiéndolas". Solicitó a todos los actores sociales y políticos que abandonen el "lenguaje agresivo" y las "palabras de desprecio, aversión y odio", porque "ahí es donde comienza la guerra".
El mensaje final fue una invitación a la esperanza y la acción colectiva: "Hay un dolor que nos une y por ese dolor debemos caminar juntos". Anunció que la Iglesia continuará "escuchándoles, orando, compartiendo y caminando unidos a tantas víctimas inocentes". Concluyó con un mensaje directo a las familias buscadoras: "Sigan siendo una de las reservas morales de nuestro país. La Iglesia está aquí con ustedes, no están solas".

