De pronto, un pirata informático logra hackear el sistema del Vaticano para enviar un mensaje de alerta al Papa y, con este acto, desata una serie de eventos que constituyen la trama de la novela La piel del tambor de Arturo Pérez-Reverte en la que el envío de un sacerdote-agente desde Roma al Reino de España revela un complejo entramado de fuerzas, tradiciones, sentimientos y convicciones políticas moralizadas.
Cuando leemos lo anterior sabemos que estamos frente a una ficción y no pasa de un entretenimiento episódico. Sin embargo, cuando un perfil de historia igualmente seductor salta de la ficción a los noticiarios, puede generar reacciones mucho menos pasajeras.
La semana pasada comenzó a cundir cierta “revelación” respecto al caso del finado magnate financiero y doblemente sentenciado agresor sexual, Jeffrey Epstein. El relato afirma que habría sido el propio Vaticano, bajo el gobierno del papa Francisco, la instancia responsable detrás del hackeo de información contra el archipolémico personaje y que habría logrado desentrañar no sólo los estrechos vínculos del banquero con figuras altamente influyentes del mundo político, académico, empresarial y del entretenimiento sino que dichas relaciones trabajaban a favor de una auténtica red internacional de explotación sexual en la que todos sus contactos estaban involucrados.
Algunos medios de comunicación construyeron piezas de información más o menos creíbles a partir de esta premisa: “El papa Francisco habría 'intervenido' para espiar y exhibir la red de tráfico sexual de menores de Jeffrey Epstein, con la ayuda de 'hackers especializados' que trabajan desde el Vaticano”. Sin embargo, por atractiva que parezca, la ‘jugosa’ historia no se sostiene bajo ningún criterio de un periodismo riguroso: no hay evidencia sólida, no hay declaraciones institucionales al respecto y los datos tienen que ser reinterpretados bajo muchos supuestos para que sugieran algo de veracidad a la trama.
No obstante, eso no impidió que muchos pasquines alucinados condimentaran todavía más la historia con tramas cada vez más inverosímiles y conspirativas: “El Papa utilizó su red de espionaje eclesiástico para revelar red de prostitución en las altas esferas políticas y económicas”; “Bergoglio fue un agente rusófilo de la izquierda subversiva para desestabilizar al conservadurismo político-cristiano en EU”; “El deep-state norteamericano mató a Francisco por su cruzada contra los magnates, sus privilegios y su red de prostitución”; y un largo etcétera.
Estas ficciones, ideales para thrillers de espionaje político, por desgracia no son inocuas ni inocentes. De hecho, son precisamente el fermento de reacciones y actitudes realmente siniestras en nuestro mundo contemporáneo. Porque la segunda historia que sucedió este semana, digna de una novela pero inquietantemente real, surge precisamente de una contaminación ideológica entre la realidad y la ficción.
De acuerdo a documentos liberados por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, el repudiado Jeffrey Epstein sostuvo algunas conversaciones sobre la Santa Sede con Steve Bannon, uno de los asesores más visibles e influyentes de Donald J. Trump durante su primera campaña a la presidencia y en su primer periodo de mandato. Bannon fue jefe de campaña y jefe de estrategia de la Casa Blanca por su cercanía ideológica y fue designado como miembro del Consejo Seguridad Nacional antes de caer de la gracia de Trump.
Bannon, con el tiempo, fue despedido del gobierno norteamericano, repudiado por sus viejos aliados del MAGA y finalmente arrestado por presunto fraude en una campaña de recaudación de fondos para construir el muro en la frontera entre Estados Unidos y México; también fue detenido y sentenciado por desacato al Congreso en medio de la investigación por el ataque al Capitolio del 2021.
La conversación divulgada entre Epstein y Bannon habla sobre “derrotar a Francisco” a inicios del 2019 y revela no sólo el interés del banquero en las tramas vaticanas (desde el 2013, Epstein escribe a Lawrence Summers –secretario del Tesoro de EU bajo la presidencia de Bill Clinton– su interés sobre los efectos de la renuncia del papa Benedicto XVI en la situación financiera del Banco del Vaticano) sino la convergencia ideológica con el grupo político de Bannon sobre cómo el nacionalismo conservador, el supremacismo blanco y el puritanismo cristiano debían oponerse a las enseñanzas del papa Francisco.
En esta mitad de los mensajes liberados de los Archivos Epstein (3.5 millones de páginas, más de dos mil vídeos y 180 mil imágenes) parece no haber complicidades criminales concretas entre estos personajes; pero sí un interés obsesivo sobre los “secretos vaticanos” y una trama delirante contra el Papa Bergoglio.
En un par de mensajes, Bannon y Epstein parecen converger en la idea de producir contenido para precisamente desmontar la credibilidad de la Santa Sede; evidentemente, ambos personajes contaban con una extensa red de aliados políticos y financieros como para urdir un duro golpe mediático contra Francisco: mandatarios y representantes políticos, nobles y realeza, titanes tecnológicos, gurúes mediáticos, propietarios de grandes consorcios de info-entretenimiento y un largo etcétera.
Hasta el momento y por la información disponible, nadie ha sido acusado de participar en un supuesto plan contra el papa Francisco y tampoco se puede afirmar que el pontífice argentino hubiera instruido un hackeo contra criminales ligados a las altas esferas del poder global. Y, sin embargo, no podemos negar que las conversaciones entre aquellos encumbrados personajes son indicativas de convergencia de intenciones y de alianzas ideológicas. Claramente no detallan ningún plan criminal operativo, pero quizá no haga falta.
Es claro que Francisco realmente provocó molestias profundas, especialmente entre los grupos de poder. Bergoglio fue directo con sus críticas especialmente por las actitudes que el humano toma desde la superioridad, la agresividad y el desprecio; y si para desprestigiar al ‘Papa del pueblo y de los pobres’ es necesaria una alianza en las sombras entre las élites financieras, políticas, mediáticas y tecnológicas, entonces tendremos que ser más cautos al consumir y asimilar tanto las noticias como las ficciones.
*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

