Baltimore, Estados Unidos.– En sus primeras declaraciones como Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés), el arzobispo Paul S. Coakley identificó la situación migratoria como el asunto “más importante en la mente de casi todos nuestros obispos”.
Coakley señaló que los desafíos pastorales que la inmigración plantea en las diócesis de todo el país han ocupado una parte significativa de las discusiones de la asamblea. Aseguró que la conferencia “indudablemente continuará hablando y respondiendo” a este tema.
Abogacía y colaboración con el Gobierno
Coakley explicó que una línea de acción clave será “trabajar con nuestra administración para avanzar en los intereses de la Iglesia” en lo que respecta a políticas migratorias. Enfatizó que la abogacía es un mecanismo central, tanto a nivel federal como en las legislaturas estatales de cada diócesis. Describió esto como “una responsabilidad importante” para “hablar con claridad” sobre la situación y “el sufrimiento de nuestra gente”.
El nuevo presidente de la USCCB reconoció que la inmigración es un “tema difícil y neurálgico”. Frente a esto, propuso un enfoque que “arroje más luz que calor”. Afirmó que el objetivo es que la gente sepa, no solo los inmigrantes que sufren de manera particular, sino todos los fieles, que la Iglesia “los acompaña”.
“Respetamos las leyes de nuestra nación, pero también somos responsables de los sufrimientos de nuestra gente”, declaró Coakley, subrayando la obligación de “estar con ellos, acompañarlos y compartir las cargas y las penas que ellos llevan”.
Coakley anticipó que la aplicación de estas iniciativas “variará de obispo a obispo y de diócesis a diócesis”, debido a la distinta presión del fenómeno en varias regiones del país.
El arzobispo Coakley también abordó la forma en cómo se divulga y comunica este compromiso y definió que el momento les exige ser “prudentes y proféticos”. Abogó por una voz “valiente en la proclamación del Evangelio”, con un lenguaje “arraigado en el Evangelio y en la doctrina social católica”.
Puntualizó que, al mismo tiempo, la comunicación debe “disipar el miedo, no avivarlo”. La meta, dijo, es ser “una voz fuerte y segura, pero al mismo tiempo una voz prudente y pastoral”.

