Baltimore, Estados Unidos.– En el discurso inaugural ante la Asamblea Plenaria de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés), el cardenal Christophe Pierre, nuncio apostólico, delineó una hoja de ruta para la Iglesia local, situando al Concilio Vaticano II como el marco fundamental para el discernimiento actual.
El cardenal Pierre inició su intervención con una pregunta directa: “¿Dónde hemos estado y a dónde vamos?”. Esta cuestión, señaló, es esencial para el discernimiento de los pastores en la vida actual de la Iglesia.
El eje central de su exposición fue la vigencia del Concilio Vaticano II. El Cardenal lo definió como “la gran gracia concedida a la Iglesia en el siglo XX” y argumentó que sus documentos son “un mapa para el viaje” futuro. Afirmó que “el Concilio no está detrás de nosotros; está delante de nosotros, el mapa para nuestro viaje”.
Sostuvo que la visión del Concilio anticipó el mundo secularizado y culturalmente cambiante que es ahora la experiencia cotidiana. “Ahora es el momento de desplegar el mapa del Concilio y recorrer su camino”, instó, subrayando la necesidad de navegar el momento presente con “fidelidad y creatividad”.
El Nuncio enfatizó la continuidad entre el pontificado del papa Francisco y el actual, el papa León XIV. Mencionó que, tras su elección, León XIV expresó su compromiso de seguir “el camino que la Iglesia universal ha seguido durante décadas a la estela del Concilio Vaticano II”.
Citando la exhortación apostólica Dilexi Te, el cardenal Pierre resaltó que el papa León XIV sitúa al Concilio como referencia para la misión entre los pobres. “Estoy convencido de que la opción preferencial por los pobres es una fuente de renovación extraordinaria tanto para la Iglesia como para la sociedad”, tradujo del texto pontificio.
Educación como corazón de la evangelización
Un segmento significativo del discurso analizó la carta apostólica Drawing New Maps of Hope del papa León XIV. El documento, publicado en el 60 aniversario de Gravissimum Educationis, sitúa la educación “en el mismo corazón de la evangelización”. El cardenal Pierre tradujo la frase que define la educación como “la forma concreta en que el Evangelio se convierte en un gesto educativo, una relación, una cultura”.
La visión presentada es la de una “constelación educativa”, una red de instituciones que, manteniendo su identidad, “juntas trazan un rumbo”. Esta unidad en la diversidad es lo que da a la educación católica su fuerza profética.
El cardenal Pierre abordó precisamente el desafío de la división interna. Advirtió que la polarización con frecuencia lleva a los católicos a “identificarse más con tribus o ideologías que con el Cuerpo de Cristo”. Frente a esto, propuso el camino sinodal como un estilo de Iglesia que “hace concreta la comunión” y permite que el diálogo se convierta en discernimiento.
Para los obispos, esto implica ser “hombres de comunión” que caminan con el Pueblo de Dios. En la vida pública, el llamado es a no actuar como “capellanes de partidos o comentaristas distantes”, sino a llevar la enseñanza social católica de manera que trascienda el partidismo.
La conclusión reafirmó el mensaje central: la Iglesia debe ser “un pueblo peregrino, un sacramento de comunión, un faro de esperanza y un servidor de los pobres”. El Concilio Vaticano II, según el Cardenal Pierre, sigue siendo el mapa para dibujar, incluso ahora, “nuevos mapas de esperanza para las generaciones por venir”.

