Las Palmas de Gran Canaria, España.- León XIV se convirtió este jueves en el primer Papa en pisar las Islas Canarias. La visita comenzó por la mañana en la catedral de Santa Ana, donde se reunió con obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, seminaristas y agentes pastorales. A las puertas del templo le esperaba el obispo de la diócesis, José Mazuelos, junto al deán, José Lavandera, y dos niños que le entregaron un arreglo floral. La alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria, Carolina Darias, le entregó la Llave de Oro de la ciudad en el Teatro Pérez Galdós, colindante con la catedral.
Mazuelos dio la bienvenida al Papa. “Nuestra diócesis posee una identidad profundamente marcada por su condición insular y fronteriza. Somos una Iglesia situada en medio del Atlántico, encrucijada de caminos entre Europa, África y América. Esta realidad ha configurado históricamente el alma de nuestro pueblo: abierta, acogedora y acostumbrada al encuentro entre culturas”, afirmó.
El obispo expuso los desafíos que interpelan la misión pastoral: la precariedad laboral, las dificultades de acceso a la vivienda, la soledad de los ancianos, las heridas afectivas y “el drama migratorio que toca de manera especial nuestras costas”. Mazuelos expresó el deseo de seguir creciendo como “Iglesia sinodal, cercana y misionera”, que no se resigna ante la secularización.
El Papa a los canarios: “Abrazar la cruz de Cristo”
León XIV tomó la palabra después de escuchar los testimonios del sacerdote claretiano Santiago Cerrato y de la secretaria general de Pastoral, Enélida Hernández. El religioso habló de la soledad de los sacerdotes. La responsable pastoral pidió pasar “de una Iglesia centrada en conservar lo existente a una Iglesia en salida”, siguiendo el estilo de Jesús con Nicodemo o la samaritana.
El Papa comenzó su discurso citando el Concilio Vaticano II y su primera encíclica, Magnifica humanitas: “Vengo a estas islas como Padre y hermano en la fe”, dijo. Propuso dos actitudes para construir la civilización del amor.
La primera: abrazar la cruz de Cristo. Se dirigió a los canarios como “Pueblo de Dios que peregrina en tierras rodeadas por el Atlántico”. Habló de la nostalgia de inmensidad, de cielo y de mar abierto que habita en los ojos de un isleño. Citó a san Agustín: “Nadie es capaz de pasar el mar de este mundo si no lo lleva la cruz de Cristo”. Puso como ejemplo al venerable Antonio Vicente González, sacerdote diocesano conocido como “el buen pastor canario”. Agradeció a los fieles su labor como cireneos, “acompañando y ayudando a llevar las cargas de tantos hermanos y hermanas crucificados por los dramas de la vida”.
La segunda actitud: cultivar una espiritualidad eucarística. Recordó la tradición de la catedral de Santa Ana, la “lluvia de pétalos de flores ante el Santísimo Sacramento” el día de la Ascensión. Definió la solidaridad cristiana como una forma concreta de manifestar la comunión. Animó a seguir ofreciendo el amor recibido del Señor “en la acogida, en la escucha, en la cercanía y en el cuidado de los más frágiles”. Concluyó con un mensaje de esperanza: “Cuando encuentren dificultades, alcen la mirada”.
Arguineguín: 'La Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados al mar'
Por la tarde, León XIV se desplazó al puerto de Arguineguín, uno de los principales puntos de llegada de migrantes a las islas. Allí se encontró con realidades de acogida. El Papa llevaba en su mano el anillo del Pescador. Recordó que Cristo llamó a Pedro y le dijo: “Desde ahora serás pescador de hombres”. “Aquí y en lugares como El Hierro, ese mandato adquiere una fuerza literal y dolorosa”, afirmó.
“La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana”, dijo. Denunció los “monstruos que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños y la indiferencia de muchos”.
Citó el Éxodo y el paso del Mar Rojo, y a Cristo que camina sobre las aguas y ordena al mar: “¡Calla, enmudece!”. “Ahí donde Cristo manda callar al mar, la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas”.
Agradeció a Cáritas, a las parroquias y a tantas personas que salvan vidas. Se refirió a Blessing, una mujer que no estaba presente pero cuya historia había llegado al Papa. “Tu nombre significa bendición, y nos recuerda que cada vida humana es una bendición de Dios. Nadie puede comprarla, venderla, usarla o descartarla”.
Dirigiéndose a las víctimas de trata y explotación, dijo: “Si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable. Si quisieron encerrarte en un pasado de dolor, Dios sigue pronunciando sobre ti una promesa de futuro. Si te trataron como una cosa, la Iglesia quiere decirte hoy: eres hija, hermana, eres bendición”.
Hizo un llamamiento a las naciones de origen, de tránsito, a Europa y a la comunidad internacional. “Europa no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas”. Pidió vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación contra los traficantes. Afirmó que “existe el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia”.
Concluyó con una advertencia: “La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera. Que la historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en paisaje habitual de nuestras costas”.
Misa en el estadio: 'Devolver amor por amor'
Al atardecer, el Papa presidió la eucaristía en el Estadio de Gran Canaria, con capacidad para 32 mil espectadores. Las gradas se llenaron con 40 mil fieles llegados de todo el archipiélago. La imagen de la Virgen del Pino, patrona de la diócesis, fue situada en el altar dos horas antes de la ceremonia. La ovación fue emocionante.
León XIV inició su homilía pidiendo rezar “por los hermanos y las hermanas que han perdido la vida en el mar”. Celebró la misa en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, a quien España está consagrada.
Citó la encíclica Dilexit nos de Francisco: “La mejor respuesta al amor de su Corazón es el amor a los hermanos”. Acuñó la expresión “devolver amor por amor”, el admirabile commercium. Habló de la gratuidad del Corazón de Cristo, que ayuda a cada persona “no solo a sobrevivir, sino también a recuperar la confianza y retomar el camino”. Citó a Benedicto XVI y la encíclica Caritas in veritate.
“Nuestra caridad no debe ser mero asistencialismo, sino integrar a las personas, para su plena realización —espiritual, intelectual y física—”, afirmó. Luego se detuvo en la humildad del Corazón de Jesús. “No sienten sus latidos aquellos que tienen la presunción de bastarse a sí mismos, de saberlo todo, de no necesitar ni a Dios ni a los demás”. Citó a san Agustín: “Donde está la caridad está la paz, y donde está la humildad, allí está la caridad”.
Pidió “mirarnos unos a otros con respeto y confianza” y renovar el compromiso de realizar en la caridad lo que falta a los sufrimientos de Cristo. “Encendidos por la caridad de su Corazón, seamos portadores de su misericordia y de su paz, para que en el mundo cesen las guerras y crezca a nuestro alrededor una nueva humanidad, reconciliada en el amor”.
Al final de la misa, el obispo Mazuelos agradeció al Papa su visita. “Su presencia ha sido una renovada llamada a vivir con autenticidad el Evangelio”. La Iglesia grancanaria, con León XIV y Francisco, se comprometió a “devolver amor con amor”.
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