Ciudad de México.- En vísperas de la realización del Segundo Diálogo Nacional por la Paz (DNP), los promotores y coordinadores de este esfuerzo transversal de la sociedad mexicana para encontrar rutas hacia la construcción de paz reiteraron su llamado urgente a participar en las iniciativas que buscan evitar la 'normalización de la violencia' en el país.
En conferencia de prensa, los coordinadores del DNP convergieron es que la paz no puede esperar y requiere la acción inmediata de toda la sociedad y del Estado. Durante la conferencia de prensa para anunciar el segundo encuentro nacional –que se celebrará del 30 de enero al 1 de febrero en el ITESO con más de mil participantes–, los líderes religiosos y sociales dibujaron un panorama desgarrador, pero también sembraron una esperanza activa y demandante.
“La sociedad mexicana no está derrotada… está cansada pero también dispuesta a organizarse”, afirmó Héctor Mario Pérez Villarreal, obispo auxiliar de México y secretario general del Episcopado Mexicano (CEM). Y externó que, desde los obispos católicos del país hay una convicción de responsabilidad ante el panorama: “No venimos a pedir permiso para construir la paz… que cada mexicano y el mismo Estado asuman esta responsabilidad histórica”. El obispo fue claro al exigir que la paz trascienda lo discursivo: “debe convertirse en una política de Estado… no es una política emergente”.
El tono de urgencia fue complementado con una crítica profunda a la indiferencia. Luis Gerardo Moro Madrid, provincial de los Jesuitas en México, denunció: “Hemos visto cómo se normaliza la violencia, la corrupción, la injusticia, el dolor de tantas familias que buscan a sus desaparecidos”. Frente a esta normalización, el diálogo se presenta como un antídoto: un espacio para que “víctimas, colectivos, empresarios, académicos, líderes comunitarios nos sentemos en la misma mesa para imaginar y trazar un mismo camino”.
Ana Paula Hernández Romano, coordinadora del DNP, pronunció un llamado directo a los jóvenes: "esta es la oportunidad de construir el país en el que quieren vivir no del que quieren escapar”. Subrayó que “México no está condenado a la violencia”, pero su construcción debe empezar hoy.
Este mensaje se conecta con una reflexión sobre la esperanza que busca romper con el idealismo pasivo. La misma Hernández aclaró: “La esperanza no es ingenuidad de que todo va a estar bien… eso sería injusto… es una decisión muy consciente de no claudicar”. Por lo tanto, la postura del DNP es elevar el compromiso ciudadano a un acto de resistencia.
Hasta el momento, después de tres años del DNP, los promotores revelaron que se han logrado equipos territoriales en 26 estados de la República: "Son equipos plurales porque estamos convencidos de que estas realidades complejas requieren de plurarlidad, de alianzas de colaboración entre universidades, cámaras industriales, gobiernos locales, en fin, articulados con una mirada más amplia", declaró Hernández.
Los coordinadores no se limitaron al diagnóstico. El sacerdote jesuita Atilano González Candia, también coordinador del DNP, destacó los avances en articulación con el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, especialmente en el apoyo a familias buscadoras y la construcción de alternativas locales. Ana Paula Hernández detalló el crecimiento de la red del DNP: “hemos logrado equipos territoriales en 26 estados… nos hemos convertido en un interlocutor válido”.
Sin embargo, Atilano González alertó sobre los flagelos que persisten en el terreno: “el crecimiento de la extorsión, lo que es el control de los territorios para dominar bienes públicos y privados”. Ante esto, la solución, reiteró, es el diálogo persistente.
El obispo Héctor Villarreal profundizó en el daño al tejido social: “se han deconstruido temas tan importantes como la confianza, el respeto a la vida… los mismos mexicanos nos estamos matando en guerras fratricidas... se ha deconstruido la visión de la dignidad humana... la persona puede ser desechada.. nos hemos acostumbrado a la violencia , a la inseguridad", dijo. Por ello, frente a esta descomposición, propuso volver a los cimientos: “la familia para nosotros es muy importante… queremos fortalecer estas instituciones que en verdad nos sostienen”.
El llamado final es a la unidad y a la acción apartidista: “Unir estos corazones que sí quieren construir la paz”, concluyó Villarreal. Luis Gerardo Moro sumó a esto el objetivo último del encuentro: “Queremos que quienes nos gobiernan conozcan una realidad que quizá no toman en cuenta”.
De acuerdo con los organizadores, el Segundo Diálogo Nacional por la Paz marca un cambio radical: ya no se pregunta qué está pasando, sino que se busca que cada actor se haga responsable de lo que le corresponde. En marzo de 2024 se invitó a la firma del Compromiso por la Paz a quienes contendían por la presidencia de la República, nueve gubernaturas y a más de 600 candidatos a presidencias municipales.
A lo largo de tres años se han conformado 26 equipos locales con miradas plurales capaces de generar diálogo, encuentro y proyectos concretos. De la Agenda Nacional de Paz se derivan 14 acciones locales que son una apuesta por la corresponsabilidad: apoyo a víctimas, generación de espacios de diálogo, educación para la paz, cuidado del medio ambiente, participación ciudadana y justicia restaurativa, entre otras.
1,370 personas de todos los sectores: un movimiento plural y horizontal
Se detalló que el encuentro reunirá a:
• 320 integrantes de equipos estatales de 32 estados
• 160 representantes de municipios pioneros
• 40 obispos y 75 sacerdotes (uno por diócesis)
• 210 laicos de 70 diócesis, incluyendo jóvenes
• 70 jesuitas de la Provincia de México
• 100 jóvenes universitarios
• 50 empresarios
• 50 víctimas constructoras de paz
• 50 integrantes de otras confesiones religiosas
• 50 organizaciones de la sociedad civil
• 40 religiosos y religiosas
• 30 representantes universitarios
• 20 integrantes de gobiernos locales
• 20 expertos, 20 intelectuales y analistas sociales, entre otros

