Luanda, Angola.- El Papa León XIV recorrió Luanda, Kilamba y Muxima en las dos primeras jornadas sobre la nación africana alta productora de gas y petróleo. Por ello, ante las autoridades, denunció la “lógica extractiva” que alimenta la pobreza. En la misa de Kilamba, comparó la historia de Angola con la de los discípulos de Emaús. En el santuario de Mama Muxima, pidió a los jóvenes construir un mundo sin guerras ni injusticias.
El avión papal aterrizó en el Aeropuerto Internacional 4 de Fevereiro por la tarde. Una ceremonia de bienvenida precedió a la visita de cortesía al presidente de la República en el Palacio Presidencial. El Papa se reunió con autoridades, sociedad civil y cuerpo diplomático.
Contra el extractivismo
El discurso de León XIV ante la clase política angoleña comenzó con una oración: “Quisiera asegurar mi oración por las víctimas de las fuertes lluvias e inundaciones que han afectado a la provincia de Benguela”, dijo. Reconoció la solidaridad de los angoleños con los afectados.

El pontífice señaló que Angola posee tesoros que no pueden venderse ni robarse: “En particular, poseen una alegría que ni siquiera las circunstancias más adversas han podido extinguir”, afirmó. Denunció que las regiones del país se han percibido como un lugar donde dar o, más a menudo, de donde tomar algo. “Debemos romper esta cadena de intereses que reduce la realidad y la vida misma a una mercancía”, declaró.
Lanzó una frase de impacto: “África es para el mundo entero una reserva de gozo y de esperanza que no dudaría en calificar de virtudes políticas”. Explicó que los jóvenes y los pobres del continente aún sueñan y no se conforman con lo que ya existe.
El Papa criticó la “lógica extractiva” que acapara riquezas materiales: “¡Cuánto sufrimiento, cuántas muertes, cuántas catástrofes sociales y ambientales trae consigo esta lógica extractiva!”, exclamó. Citó a Pablo VI, quien hace sesenta años denunció una civilización mercantil, hedonista y materialista.
Hizo un llamado a las autoridades: “No teman el desacuerdo, no apaguen las aspiraciones de los jóvenes ni los sueños de los ancianos, y sepan gestionar los conflictos, transformándolos en oportunidades de renovación”. Advirtió que los déspotas buscan volver las almas pasivas y las pasiones tristes. “En la tristeza, estamos a merced de nuestros miedos y fantasías”, dijo.
León también citó a Francisco: “La mejor manera de dominar y de avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante”. En contraste, definió la alegría como un don del Espíritu Santo. “El fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz”, recordó.
Concluyó con una exhortación: “Juntos, pueden hacer de Angola un proyecto de esperanza”.
Encuentro privado con los obispos
El domingo el Papa celebró en Kilamba y destinó su homilía a explicar el pasaje de los discípulos de Emaús:
“En esta escena inicial del Evangelio veo reflejada la historia de Angola, de este país bellísimo pero lastimado, que tiene hambre y sed de esperanza, de paz y de fraternidad”, afirmó. Recordó la larga guerra civil angoleña, con su secuela de enemistades, divisiones, recursos malgastados y pobreza.
Señaló que, cuando se lleva mucho tiempo sumergido en una historia marcada por el dolor, se corre el riesgo de perder la esperanza y quedar paralizado por el desánimo.
“La Buena Nueva del Señor, también hoy para nosotros, es precisamente esta: Él está vivo, ha resucitado y va a nuestro lado mientras recorremos el camino del sufrimiento”, dijo.
El Papa advirtió sobre ciertas formas de religiosidad tradicional: “Suponen el riesgo de confundir y mezclar elementos mágicos y supersticiosos que no ayudan en el camino espiritual”, afirmó. Pidió fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia.
Lanzó un diagnóstico sobre las necesidades del país: “Angola necesita obispos, sacerdotes, misioneros, religiosas y religiosos, laicos y laicas que tengan en el corazón el deseo de entregar su propia vida”. Mencionó la lacra de la corrupción y pidió una nueva cultura de la justicia y el compartir. “Sólo así será posible un futuro de esperanza, sobre todo para los numerosos jóvenes que la han perdido”, concluyó.
Después de la misa, rezó el Regina Caeli.
Vuelo a Muxima
El domingo, el Papa abordó un helicóptero en el Aeropuerto de Luanda. Aterrizó en Muxima a las 16:15. Media hora después, comenzó el rezo del Santo Rosario en la explanada frente al Santuario de “Mama Muxima”.
El discurso del Papa ante los fieles, miembros de la Legión de María y devotos de la Virgen comenzó con una definición: “Mama Muxima, la Madre del corazón”. Recordó que Juan Pablo II definió el Rosario como la oración de un cristianismo que conserva “la novedad de los orígenes”.

Explicó que el santuario ha sido espontáneamente “rebautizado” por los fieles como Santuario de la “Madre del corazón”. “Un corazón limpio y sabio, capaz de conservar y meditar los acontecimientos extraordinarios de la vida del Hijo de Dios”, afirmó.
El Papa vinculó la oración mariana con compromisos concretos: “Una madre piensa en todas estas cosas; María piensa en todas estas cosas y nos invita también a nosotros a compartir su solicitud”, dijo. Enumeró: que quien pasa hambre tenga qué comer, que los enfermos reciban cuidados, que los niños tengan educación, que los ancianos vivan con serenidad.
Dirigió un mensaje especial a los jóvenes: “También a ustedes la Madre del Cielo les confía un gran proyecto: el de construir un mundo mejor, acogedor, donde ya no haya guerras, ni injusticias, ni miseria, ni deshonestidad”.
Lanzó una frase breve y contundente: “¡Es el amor el que debe triunfar, no la guerra!”.
Concluyó con una invocación en lengua local: “Mama Muxima, tueza kokué, Mama Muxima, tutambululé” (“Madre del corazón, venimos a ti para ofrecerte todo”).
A las 17:45 horas, el Papa abordó nuevamente el helicóptero. Regresó a Luanda. La visita a Angola quedó cerrada. Pero el eco de sus palabras —“África es una reserva de gozo”, “el fruto del Espíritu es amor, alegría y paz”, “el amor debe triunfar, no la guerra”— quedó flotando sobre la explanada de Muxima y sobre las heridas aún abiertas de la historia angoleña.
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