Ciudad de México.- La educación comienza en casa y se sostiene en la relación cotidiana entre padres e hijos. Con esa convicción concluyeron los “Nuevos Talleres de Educación para Padres de Familia”, impulsados por la Dimensión de Educación y Cultura de la Conferencia del Episcopado Mexicano, una propuesta que coloca a la familia en el centro del proceso educativo y recupera la escucha como punto de partida
Durante diez sesiones, más de un centenar de agentes de pastoral educativa y educadores participaron en una capacitación orientada a fortalecer el acompañamiento familiar como base de la formación integral de niñas, niños y jóvenes. Al cierre de los trabajos, el sacerdote Eduardo Corral Merino, asesor y responsable de Proyectos Especiales, recordó el sentido último de esta tarea al afirmar que “el fin de la educación es que cada persona logre ser cada vez más persona”.
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Participantes de los Nuevos Talleres de Educación para Padres de Familia coincidieron en que la formación ofreció criterios claros para revisar la manera en que acompañan a sus hijos en la escuela y en la vida cotidiana.
Una madre de familia señaló que el taller le permitió “aprender a escuchar antes de corregir y a entender mejor lo que mis hijos viven en cada etapa”, mientras que un padre de familia afirmó que las sesiones ayudaron a “ordenar la relación entre educadores y la cercanía en casa, con herramientas que sí se pueden aplicar en lo diario”.
Otros asistentes explicaron que el aprendizaje adquirido tendrá una función concreta en su labor educativa y pastoral. Un agente de pastoral educativa comentó que replicará los contenidos con otros padres en su comunidad para “fortalecer el acompañamiento familiar desde el diálogo”, y una tutora indicó que integrará la metodología del taller en el trabajo con familias de su escuela para “favorecer acuerdos comunes entre casa y aula, con una visión centrada en la persona y en la responsabilidad compartida”.
Tras concluir los “Nuevos Talleres de Educación para Padres de Familia”, el sacerdote Eduardo Corral Merino, asesor y responsable de Proyectos Especiales, expuso los alcances formativos de esta iniciativa.
Durante su reflexión, Corral Merino planteó a los padres de familia, el hacerse preguntas fundamentales, como: “¿Cómo son mis hijos?, ¿qué necesitan de nosotros?, ¿qué les preocupa o inquieta?, ¿cuál es su realidad?”.
Lo anterior, indicó, es muy distinto a partir de nuestras ideas, de nuestros conceptos, de nuestros recuerdos, no de nuestras exigencias, de nuestras ideologías. Además, explicó ampliamente que esta labor busca impulsar a los hijos a comprometerse con la transformación de su realidad y a dar sentido a su existencia.
El sacerdote precisó que educar no se limita al control, a la realización de conductas. “No es mandarlos, corregirlos todo el día, atosigarlos, corretearlos para controlar”, dijo, al tiempo que definió la educación como un proceso que permite que la persona se reconozca a sí misma y a la realidad que la rodea.
En su exposición, aseguró que la pedagogía educativa se sostiene en el amor. “Nada funciona sin el amor. Sin amor no hay solidaridad, sin amor no hay cuidado, sin amor no hay paciencia, sin amor no hay perdón, sin amor no hay diálogo”.
En ese contexto, explicó que educar implica acompañar, brindar cariño, enseñar a amar y buscar el bien de los hijos para su crecimiento personal.
Asimismo, abordó el sentido del Pacto Educativo Global, al señalar que este promueve actitudes de solidaridad, participación y corresponsabilidad. Indicó que este enfoque impulsa la construcción de acuerdos y redes, y permite reconocerse como agentes de la sociedad con un objetivo común: la educación integral de niños, adolescentes y jóvenes.
Corral puntualizó que el Pacto Educativo Global “no es una campaña mercadológica ni comunicativa”, sino una alianza que requiere la participación y el compromiso de cada persona.
Al referirse a la responsabilidad educativa, recordó que “como padres de familia, ustedes son los primeros responsables de la educación de los hijos. Nadie puede ocupar ese lugar”.
Por ello, puntualizó que la sexualidad humana forma parte de la persona y no debe ignorarse: “La sexualidad no hay que ignorarla, no hay que avadirlo como un tabú”. “Somos seres sexuados, por natrualeza, lo que implica que dicha realidad debe educarse, trabajarse, cultivarse”.
Finalmente, el sacerdote reflexionó sobre la diferencia entre verdad e ideología: “La verdad es un juicio, es una adecuación entre lo que es y lo que pienso. Las ideologías se quedan solamente en lo que pienso, no bajan a la realidad”, sentenció.
Cabe mencionar que los “Nuevos Talleres de Educación para Padres de Familia” han sido un esfuerzo de la Dimensión de Educación y Cultura de la Conferencia del Episcopado Mexicano en conjunto con la Fundación, incluyendo México, así como en sinergia con múltiples instituciones eclesiales y de la sociedad civil.

