Guadalajara, Jalisco.- Al finalizar el encuentro de tres días, los más de mil 200 líderes sociales, religiosos, académicos, empresariales, autoridades locales y representantes de la sociedad civil provenientes de todo el país que participaron del Segundo Diálogo Nacional por la Paz convergieron en un sentimiento de esperanza por los esfuerzos colectivos y comunitarios de construcción de paz en diversos ámbitos de la sociedad.
En el encuentro que duró del 30 de enero al 1 de febrero en el ITESO, la Universidad Jesuita de Guadalajara, se constituyó como un espacio plural para mirar de frente la realidad de la violencia en México, compartir metodologías de construcción de paz y articular respuestas a la altura del momento histórico que vive la nación.
El encuentro reunió voces diversas que no sólo se enfocaron en los contextos, dolores y angustias que atraviesan a México; sino esencialmente en las labores comunitarias que ya crean espacios de paz y reconciliación mediante procesos orientados a la reconstrucción del tejido social, la cofianza y la paz desde lo local, con una mirada colectiva y solidaria.
El encuentro concluyó con la lectura de un manifiesto, en el que se afirmó que el camino hacia la paz pasa por refundar la comunidad desde la escucha, el reconocimiento y el compromiso, abrir horizontes de esperanza para las juventudes y caminar del lado de las víctimas, teniendo como eje transversal la cultura del cuidado.
En las conclusiones se destacó que el gran reto es imaginar y reconstruir el tipo de 'Estado' que la nación mexicana necesita para recuperar la paz, a partir de acuerdos que regulen la vida institucional y garanticen condiciones de vida digna para todas las personas.
Este segundo encuentro dejó tres claves fundamentales: "1. El Estado somos todas y todos, y la paz exige acuerdos colectivos desde lo local, esto implica la conversión de quienes lucran con la violencia y quienes permanecen indiferentes ante ella. 2. Es urgente construir un sistema social que integre a las juventudes hoy excluidas y vulnerables, y ahí es importante escucharlos y construir junto con ellos. Y 3. No será posible una nueva convivencia sin atender y sanar la herida de las personas desaparecidas y acompañar de manera prioritaria a las víctimas de la violencia".
Las metodologías de construcción de paz sistematizadas por este movimiento serán entregadas al gobierno federal, a los gobiernos estatales y a los gobiernos municipales del país aportando con ellas caminos para construcción de la paz desde programas probados en la atención de las violencias.
Durante el Diálogo se compartieron tres conferencias magistrales: El académico Mauricio Merino Huerta abordó las causas estructurales de la violencia y las pobrezas en México; y urgió a la recuperación de un Estado donde los acuerdos colectivos sean el marco institucional de la vida social.
Por su parte, el sacerdote jesuita Elías López, experto en procesos de paz y reconciliación desmenuzó las condiciones y estructuras necesarias para desarrollar procesos de paz. Reflexionó sobre los desafíos de la reconciliación nacional y destacó la necesidad de formar liderazgos comunitarios y sinodales capaces de construir propuestas de pacificación desde la escucha.
Finalmente, el obispo de Cuernavaca y presidente del Episcopado Mexicano, Ramón Castro Castro, desplegó un análisis teológico y pastoral sobre la construcción de paz. Enfatizó que participar en los procesos de paz exige escuchar, discernir y actuar; que es una vocación de toda persona para buscar un orden social de relaciones armonizadas, poniendo en el centro a las víctimas y convencidos que la paz solo se alcanza si hay verdad, justicia y reparación.
En la relatoría final del Segundo Diálogo Nacional por la Paz, el núcleo organizador destacó los puntos centrales de las intervenciones de los participantes: "El doctor Alfonso Alfaro llamó a imaginar un Estado capaz de integrar a los jóvenes hoy atrapados por la violencia. Sandra Ley señaló la urgencia de fortalecer a las policías municipales. Sergio López Ayllón propuso la justicia cívica como una vía concreta desde lo local. Daniel Moreno subrayó la importancia de incorporar a los medios de comunicación como actores estratégicos en la construcción de paz. Alberto Olvera llamó a fortalecer las alianzas con la sociedad civil. Elena Azaola recordó la deuda pendiente con las cárceles. Sara González, universitaria, expuso los retos para activar la participación juvenil. Y José Medina Mora presentó el Modelo Inclusivo de Desarrollo como una contribución del sector empresarial a la paz", etcétera.
Los organizadores también agradecieron la confianza de los invitados al compartir las experiencias tanto locales como nacionales e internacionales de construcción de paz pues, con ellas, se confirma "que existen caminos viables con resultados concretos en los territorios".
Entre los proyectos de paz destacados se encuentran el Proyecto VIVA y los Centros Manresa en la Sierra Tarahumara, que han atendido a más de cinco mil personas en temas de salud mental y asistencia psicosocial de jóvenes y adolescentes; los trabajos de concientización de la paz en la policía municipal de Meoqui, así como experiencias de colaboración en el diseño de Consejos de Paz y Justicia Cívica con el gobierno federal.
En el encuentro también se contó con relatos particulares de pacificación en naciones en conflicto donde instancias internacionales intervienen en el diálogo y negociación de acuerdos. Desde sus respectivas experiencias, los embajadores de Irlanda, Ruairí De Burca, y de Noruega, Dag Nylander, coincidieron en que todo proceso de paz debe construirse junto a las víctimas de la violencia y ofrecer caminos de reinserción para los victimarios.
De igual manera, diversas comunidades religiosas firmaron un compromiso común y presentaron un plan de trabajo conjunto. Participaron representantes de comunidades budistas, musulmanas, hinduistas, de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tradiciones indígenas, comunidad ortodoxa, bautista, luterana, pentecostal y católica quienes se comprometieron a formarse frente a los desafíos de la violencia, aportar la riqueza ética de sus espiritualidades y fomentar el encuentro desde la diversidad religiosa en México.
En el marco del encuentro se entregaron reconocimientos a 13 empresas comprometidas con la construcción de una cultura de paz en sus entornos. Este distintivo fue entregado por CONCANACO-SERVYTUR, COPARMEX, CANACINTRA y USEM, y las empresas ganadoras fueron: La Norteñita, Bio TecLab, CEDIMI Laboratorios, Centro de Acopio y Soluciones Ambientales, Combuservicios, Controladora Vía Rápida Poetas, Criser, Estructuras Metálicas de Puebla, Grupo La Paz, La Vencedora, Restaurante Mar y Tierra, Talentoría y Desarrolladora Comuna.
El Diálogo contó también con la presencia de alcaldes y representantes municipales reconocidos por su trabajo en la construcción de la paz, provenientes de Centro, Tabasco; Escobedo y San Pedro Garza García, Nuevo León; Guadalajara, Zapopan y Jocotepec, Jalisco; Meoqui, Chihuahua; Cherán, Michoacán; y Tepoztlán, Morelos, quienes se sumaron a este esfuerzo como actores clave desde lo local.

