Acapulco, Guerrero.- El arzobispo de Acapulco, Leopoldo González González, indicó que el grupo de atención a víctimas de la violencia es una experiencia que él mismo heredó de su predecesor en la región y que, después de ocho años al frente de la sede metropolitana de Guerrero, reconoce que se ha llevado e instaurado en otras diócesis del estado y el país.
González González compartió con la feligresía que, cuando llegó a Acapulco como nuevo arzobispo se encontró esa estructura creada por el anterior arzobispo Carlos Garfias Merlos (trasladado a la Arquidiócesis de Morelia, Michoacán) para “escuchar, atender y acompañar en el proceso de reintegración y de búsqueda de justicia restaurativa de las personas víctimas de violencia”.
El arzobispo manifestó: “Para mí eso es admirable y he procurado que en cada parroquia haya un proyecto de construcción de paz”. Ahora, ese mismo modelo de atención ha sido implementado en otras regiones del país, con asesoría de quienes implementaron ese trabajo en el puerto.
Leopoldo González, que en estos días celera 50 años de ministerio sacerdotal junto con otros colegas de generación, presidió una ceremonia en la que le acompañó el obispo emérito de Chilipancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza y el actual obispo de esa diócesis, José de Jesús González Hernández.
Recordó su tiempo en Tapachula, Chiapas, donde se concentró en ayudar a migrantes: “Bendito Dios pudimos tender la mano y ayudamos a muchos. Allá, al analizar la realidad de la región, la urgencia fue la atención a migrantes".
Sin embargo, las necesidades en Acapulco en sus ocho años como pastor han sido distintas. Se refirió, en particular, al impacto del huracán Otis, al que describió como “algo tremendo”. No solo por los daños a la infraestructura, sino por el daño emocional: “Yo no había tenido algo así”, confesó. Indicó que el huracán hizo trastabillar a muchas personas y que aún hay muchas que se acercan con dolor. Agradeció a grupos y asociaciones que brindan acompañamiento y atención terapéutica.
El arzobispo también urgió a los sacerdotes de las parroquias de la región a tener una actitud de prevención y acondicionamiento de instalaciones dentro de las parroquias para auxiliar a la gente en condiciones de emergencia o necesidad. Desde sanitarios y regaderas, hasta espacio limpio, alto y ventilado para albergar a un buen número de familias si llegara el caso. De hecho, también recomendó basado en la experiencia que las parroquias tengan despensa suficiente para tres días de emergencia o desabastecimiento debido a que, en casos de desastres naturales, la ayuda externa llega al tercer día.

