Roma, Italia.- En su primera homilía del Jueves Santo como pontífice, León XIV propuso una lectura a la Misa de la Cena del Señor, en especial al momento del lavatorio de pies, en la que contrasta las concepciones habituales del poder (el éxito y la utilidad) frente a la humildad y el servicio, tanto en el ámbito religioso como en el social.
Ante la asamblea reunida en la Basílica de San Juan de Letrán, el Papa lamentó que los seres humanos “sistemáticamente deseamos un Dios de éxito y no de pasión”, una cita de Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) que el nuevo pontífice hizo propia para denunciar la tentación de reducir lo divino a una herramienta de ganancia y dominio.
El mensaje del Papa se construyó sobre el gesto narrado por el evangelista Juan: Jesús lava los pies a sus discípulos en la víspera de su muerte. León XIV subrayó que ese acto no es un simple “modelo moral”, sino “la revelación de Dios” y “su memoria inconfundible”. Al arrodillarse, dijo el Papa, Cristo “desmonta los criterios mundanos que ensucian nuestra conciencia”, aquellos que asocian grandeza con dominación, temor o violencia.
En un pasaje de fuerte calado social, el Pontífice señaló que la humanidad está “abatida por tantos ejemplos de brutalidad” y llamó a postrarse “como hermanos y hermanas de los oprimidos”. La frase condensa una de las claves de su argumentación: el servicio no es una obligación vacía, sino una respuesta al amor gratuito de Dios, que lava al hombre “no porque sea bueno, sino para hacerlo bueno”.
La homilía también trazó un vínculo inseparable entre la Eucaristía y el sacerdocio. León XIV recordó que el Jueves Santo conmemora ambos sacramentos, definiendo la Eucaristía como “signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual”. Y, dirigiéndose a obispos y presbíteros presentes, insistió en que su ministerio es “signo de la caridad” de Cristo hacia todo el Pueblo de Dios, al que están llamados a servir “con todo el ser”.
El gesto del lavatorio de pies –que el Papa realizó posteriormente sobre doce fieles– fue presentado como condición ineludible del seguimiento cristiano: “Si no me acoges como siervo –citó Jesús a Pedro–, no puedes creer en mí ni seguirme como Señor”. Con esta fórmula paradójica, León XIV invirtió la lógica común del poder religioso: dejarse servir por Dios es el requisito para poder servir a los demás.
La homilía concluyó con un llamado a la adoración eucarística nocturna en cada parroquia y comunidad, invitando a “arrodillarnos como Él lo hizo” para pedir la fuerza de imitar su amor.

