Roma, Italia.- El papa León XIV recibió a los obispos italianos al concluir su 82ª Asamblea General; les pidió “volver a poner el Evangelio en el centro” como prioridad y urgencia de la Iglesia actual. Advirtió que los cristianos enfrentan “desafíos antropológicos sin precedentes”. Invitó a reflexionar sobre “qué rostro de Dios” se revela en la predicación, la catequesis, la liturgia, la caridad y las comunidades.
El Papa pidio ofrertar una “atención renovada a la iniciación cristiana, que no puede concebirse simplemente como preparación para los sacramentos”. “Se trata de redescubrir el Bautismo como una realidad viva y existencial”, afirmó.
León XIV expresó su afecto por todas las Iglesias de Italia, especialmente por los jóvenes, los ancianos, los pobres, los enfermos y quienes viven su fe en la sencillez de la vida cotidiana. Recordó sus recientes visitas a Pompeya, Nápoles y Acerra.
“Muchos signos nos hablan de cansancio, fragmentación y soledad. En nuestras comunidades, a veces sentimos la tensión de transmitir la fe, la dificultad de conectar con las nuevas generaciones. Pero el Evangelio nos fortalece”, dijo.
La tarea de los creyentes, según el Pontífice, es acoger la mirada del Señor, no quejarse de las dificultades ni centrarse únicamente en las estadísticas. “El Señor no nos pide que midamos la fecundidad de la Iglesia por criterios de número, visibilidad o influencia”, afirmó.
Comunidades vivas, acogedoras y en escucha
León XIV abogó por comunidades vivas y hospitalarias, capaces de orar y escuchar. En esos contextos, explicó, la fe se transmite y crece. Comunidades donde la Palabra de Dios no queda relegada a un segundo plano, sino que ilumina las decisiones. Donde los pobres no son meros receptores de servicios, sino hermanos en quienes el Señor habla.
“Los Obispos estamos llamados a una escucha profunda: a escuchar la Palabra de Dios, a escuchar al Pueblo de Dios y, por lo tanto, a escuchar los signos de los tiempos y también aquello que desafía nuestra práctica pastoral”, señaló.
Donde la escucha es genuina, añadió, la comunidad no se encierra en sí misma, sino que se convierte en un lugar de discernimiento y misión: “Este es el significado del Camino Sinodal”, afirmó.
Sinodalidad como estilo permanente y estructuras adaptadas
El Papa respaldó la intención de los obispos italianos de hacer del Camino Sinodal un estilo permanente: “Una Iglesia sinodal es aquella en la que cada persona, según su propia vocación, puede ofrecer el don recibido del Espíritu para la edificación común”, explicó.
Aseguró que la “participación” es fundamental: “un requisito de comunión y misión, y por lo tanto debe convertirse en un método, una responsabilidad, un medio de verificación”. Advirtió que es necesario verificar que los órganos participativos funcionen correctamente.
Recomendó que las diversas estructuras de la CEI continúen desempeñando su función de comunión, coordinación, discernimiento y apoyo a las Iglesias locales. “La organización de la Conferencia Episcopal debe adaptarse a las necesidades de la misión y a las cambiantes circunstancias históricas”, dijo. Pero aclaró que no se trata de “reducirlo todo a la eficiencia administrativa”.
León XIV recordó sus palabras en el Encuentro de Oración celebrado en Estambul el pasado noviembre. Reiteró que la fuerza de la Iglesia proviene de la “luz del Cordero” y del “poder del Espíritu Santo”, que no reside en sus recursos ni estructuras. Los frutos de su misión no derivan del consenso numérico, el poder económico ni la relevancia social.
“¡Tengamos el valor de lo esencial!”, exclamó. “El valor de las comunidades menos preocupadas por conservarlo todo y más libres para proclamar a Cristo. El valor de una catequesis que es camino de iniciación y formación continua en la vida cristiana. El valor de las parroquias acogedoras y misioneras. El valor de las organizaciones participativas y dinámicas. El valor de escuchar a los jóvenes sin acallar sus preguntas. El valor de dejarnos evangelizar por los pobres”.
La 82ª Asamblea General abordó temas como la transmisión de la fe a las nuevas generaciones, la crisis vocacional y la necesidad de revitalizar las estructuras pastorales. El Papa, con su llamado a no medir la Iglesia por números, responde a una tentación recurrente en las diócesis y obispos del mundo: evaluar el éxito pastoral por la asistencia a misa, el número de bautizos o la recaudación económica.
La referencia al cansancio, fragmentación y soledad en las comunidades refleja diagnósticos internos de la CEI. Las visitas del Papa a Pompeya, Nápoles y Acerra —zonas con profundas desigualdades sociales y presencia criminal— sirven como ejemplo de una Iglesia que debe salir al encuentro de la periferia.

