Ciudad de México.- La Dimensión del Cuidado Integral de la Creación de la Conferencia del Episcopado Mexicano, presentó el subsidio pastoral “Hermana Agua”, un material que propone una reconfiguración de la relación entre las comunidades católicas y el acceso al agua. El documento, estructurado en reflexiones, guías de contemplación, testimonios y compromisos concretos, parte de una premisa central: el agua no debe ser tratada como una mercancía, sino como un don gratuito que sostiene la vida.
En el mensaje introductorio, el obispo de Tarahumara y responsable de la dimensión eclesial para el cuidado de la creación, Juan Manuel González Sandoval, advierte sobre la urgencia de actuar. “Se trata entonces de un elemento esencial que Dios ha creado para que el hombre pueda estar en el Jardín del Edén”, señala el obispo.
Y añade: “No se trata de una acción de moda o espontánea, es sin duda, una emergencia socioambiental en la que podemos aportar la esperanza que ha comenzado a perderse en el mundo”.
El subsidio retoma la espiritualidad de san Francisco de Asís para fundamentar una mirada que llama “hermana” al agua. En el Cántico de las Criaturas, el santo de Asís alaba a Dios “por la hermana agua, la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta”. El documento desglosa esta frase para subrayar que el agua es “útil” para la vida, “humilde” porque fluye hacia los lugares más bajos, “preciosa” por su valor esencial y “casta” como símbolo de pureza que debe ser protegida.
Uno de los ejes del material es la defensa del derecho humano al agua. Se cita la resolución 64/292 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que reconoce el acceso al agua potable como esencial para el ejercicio de los demás derechos humanos.
El texto señala, sin embargo, que “avanza una tendencia a privatizar este recurso escaso, convirtiéndolo en una mercancía que se regula por las leyes del mercado”. Frente a ello, propone una gestión con enfoque de justicia: “No podemos reclamar derechos absolutos sobre algo que no hemos creado”.
La publicación incluye testimonios de defensores del agua en México. Alejandra Méndez Serrano, responsable de la dimensión del cuidado integral de la creación en la diócesis de Tlaxcala, relata el caso de una familia en la Cuenca del Alto Atoyac afectada por la contaminación industrial: “Al morir Zulma muere también el aire, muere la tierra, el agua, la fe, la esperanza”, cita el documento, para luego concluir: “No hay Justicia Social sin Justicia Ambiental”.
Otro testimonio, del académico y defensor ambiental Julio Santoyo Guerrero, expone las condiciones de riesgo que enfrentan quienes protegen los cuerpos de agua en el país: “Vivimos tiempos desafortunados en que los ambientalistas están siendo amenazados y asesinados”, afirma.
Santoyo describe la defensa del agua como “una lucha ética e imprescindible para la sobrevivencia de todos” y enfatiza la necesidad de una educación ambiental como eje central: “El día en que la humanidad conozca los riesgos de las prácticas que generan la esterilidad ecosistémica, y reconozca que el agua es la sangre de la tierra, nuestra sangre, entonces lograremos el compromiso de su cuidado”.
El subsidio también presenta experiencias comunitarias, como la de los Guardianes del Río Teuchitlán en Jalisco. Su coordinadora, Martha Hernández Rodríguez, explica que la estrategia parte de un lema: “¡Al río lo cuidamos todos!”. En esa localidad, la protección del agua se ha vinculado a la reintroducción de especies endémicas de peces y a un trabajo de educación ambiental en escuelas.
El documento ofrece herramientas prácticas para identificar problemáticas locales a través de preguntas sobre acceso, calidad, integridad de ecosistemas, gestión y cultura del cuidado. También plantea una serie de compromisos diferenciados por niveles: personal, familiar, parroquial, diocesano, así como para el campo y la industria.
En el nivel parroquial, se propone “realizar una revisión técnica de todas las instalaciones hidráulicas en el templo, oficinas y salones parroquiales para reparar fugas de inmediato” y “promover que en las reuniones de grupos, catequesis y fiestas patronales se abandone por completo el uso de botellas de plástico y desechables”. Para el ámbito diocesano, se plantea “impulsar programas de educación en ecología integral en todas las escuelas católicas y seminarios” y “que la Iglesia no solo hable del cuidado de la creación, sino que predique con el ejemplo”.
El material concluye con un rito breve para bendecir el agua y la “Oración cristiana con la creación”, que incorpora una solicitud explícita: “Ilumina a los dueños del poder y del dinero para que se guarden del pecado de la indiferencia, amen el bien común, promuevan a los débiles, y cuiden este mundo que habitamos”.

