Acapulco, Guerrero.- Desupués de que tres comunidades del municipio de Chilapa sufrieran ataques armados obligando a los pobladores a abandonar sus hogares, la Iglesia destinará la colecta dominical a través de Cáritas para auxiliar a la población desplazada en la provincia.
La violencia volvió a desplazar familias en la región de Chilapa, Guerrero. Durante esta semana, tres comunidades del municipio fueron escenario de enfrentamientos armados. Los habitantes de Alcozacán, en particular, tuvieron que huir para resguardarse de las agresiones de un grupo delictivo.
El arzobispo de Acapulco, Leopoldo González González, hizo un llamado a la solidaridad con estas familias. Durante su mensaje, exhortó a la población a “compartir el sufrimiento” de quienes han debido dejar sus localidades por temor a disparos y amenazas de muerte.
Pidió a las autoridades que actúen conforme a derecho. Señaló que deben garantizar la seguridad de los ciudadanos, tanto en su integridad personal como en la protección de sus bienes. El objetivo, indicó, es evitar que continúe el desplazamiento forzado en la región.
González González reiteró la instrucción para los sacerdotes de la arquidiócesis: promover acciones de apoyo hacia los afectados. Una de esas medidas consiste en destinar la colecta de las misas dominicales a través de Cáritas.
El arzobispo también convocó a la ciudadanía a contribuir con donaciones de alimentos no perecederos. La lista incluye maíz, frijol, lentejas y aceite. Los productos serán canalizados mediante la parroquia de Costa Sur.
El llamado no se limitó a la ayuda material. González González invitó a la sociedad a convertirse en “artesanos de paz”, en medio del contexto de violencia que afecta a diversas comunidades del estado.
Un éxodo que se repite
El caso de Alcozacán no es aislado. La comunidad había sido señalada previamente por situaciones de riesgo, incluido el reclutamiento de menores por grupos armados. Ahora, sus pobladores se suman a la lista de desplazados internos en Guerrero, una entidad donde la violencia rural mantiene en vilo a decenas de localidades.
El arzobispo insistió en que la solidaridad no debe ser un acto pasajero; sino que implica reconocer la dignidad de quienes huyen y construir condiciones para el retorno seguro.
Mientras las autoridades no logran contener los enfrentamientos, la Iglesia asume un rol de acompañamiento. La colecta dominical y la red de Cáritas se convierten en un puente entre la ciudadanía y las familias que dejaron atrás sus casas, sus cultivos y su vida cotidiana.
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