Acapulco, Guerrero.- El arzobispo metropolitano de Acapulco, Leopoldo González González, advirtió que el desempleo y el subempleo no son solo un problema económico, sino humano y social. Reconoció los esfuerzos de autoridades y sociedad tras huracanes y sismos, pero exigió que ninguna actividad que dañe a personas se considere trabajo.
A través de sus redes sociales, el arzobispo compartió una reflexión entre la crisis laboral y su vinculación con la violencia que azota a Guerrero: “El trabajo es el medio por el cual se puede obtener de manera directa lo necesario para vivir dignamente”, afirmó.
Pero acto seguido, describió el contexto adverso: “Ha sido muy grande y dolorosa la sangría no solo económica causada por el problema de la extorsión y el cobro de piso que se sigue sufriendo”.
El arzobispo señaló que el desempleo y el subempleo, a nivel mundial, trascienden lo económico: “El no tener trabajo, psicológicamente es negativo y peligroso, sobre todo para los jóvenes y para quienes tienen una familia que mantener”, declaró. Precisó que no cualquier actividad puede considerarse trabajo: solo aquello que asocia a la persona a laborar de manera efectiva y ayuda al desarrollo de la comunidad y la sociedad.
González González fue contundente al descartar actividades ilícitas como forma de empleo: “No puede considerarse ninguna actividad que daña y afecta a las personas como trabajo, aunque produzca grandes ganancias económicas”, afirmó. La frase apuntó directamente a las economías ilegales que florecen en zonas de alta violencia.
El arzobispo reconoció los esfuerzos de autoridades y sociedad civil en la reconstrucción tras los huracanes y sismos que han golpeado a Acapulco. Estas labores, dijo, han dado la posibilidad de contar con trabajos dignos que mejoran la calidad de vida de muchas familias. Sin embargo, insistió en que el camino a una existencia digna pasa por ayudar a los pobres con dinero que les permita tener una vida mejor a través de un empleo bien remunerado.
El llamado del arzobispo se suma a una serie de pronunciamientos de líderes religiosos en México que vinculan la seguridad con el desarrollo económico. En Acapulco, la extorsión y el cobro de piso han paralizado negocios y ahuyentado inversiones.
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González González plantea una ruta ética para la actividad socioeconómica en el estado: rechazar como trabajo cualquier actividad que dañe a personas, por muy lucrativa que sea, y apostar por la reconstrucción como fuente de empleo digno: “No tener trabajo es negativo y peligroso”, repitió, y dejó en el aire una pregunta para quienes solo miden el éxito en ganancias: ¿a costa de qué o de quién?
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