Tapachula, Chiapas.- La Asamblea Plenaria de Obispos en México encendió una alerta que el obispo de Tapachula, Luis Manuel López Alfaro, tradujo en un mensaje directo para gobernantes, ciudadanos y grupos armados: la paz no se construye con armas ni con discursos vacíos. El religioso recuperó el documento del encuentro episcopal para señalar un diagnóstico que incluye “la lenta erosión de las instituciones”, la inseguridad y “el paulatino derrumbe del orden mundial”.
Frente a ese escenario, el obispo describió un ambiente donde coexisten la guerra, los corazones endurecidos, las amenazas a pueblos y culturas, pero también oportunidades para la reconciliación y la fraternidad: “Multipliquemos los oasis de paz, denunciemos y eliminemos las causas de la desesperación, luchemos contra quienes lucran con la desgracia ajena”, expresó con base en el texto asambleísta.
La violencia en Chiapas, en particular los hechos del pasado mes de febrero, llevó al obispo a rechazar cualquier indiferencia: “Callar ante la inseguridad es traicionar el evangelio”, afirmó. La declaración no se quedó en una crítica a los grupos armados: interpeló también a las autoridades y a la sociedad civil para que abandonen la pasividad.
El líder religioso insistió en que la Iglesia debe renovar su compromiso como institución en diálogo con las realidades actuales: “No podemos acostumbrarnos al dolor ni volvernos indiferentes ante estas realidades, ya que detrás de cada crisis hay personas heridas, en búsqueda de sentido de vida que merecen ser acompañadas”, dijo.
La reconstrucción del tejido social apareció como una tarea urgente. El obispo animó a la Iglesia a participar de forma activa en ese proceso, sin resignarse al panorama nacional e internacional que los obispos calificaron como desafiante, aunque con espacios para la esperanza y la fraternidad.
En su llamado, el religioso vinculó la paz con tres acciones concretas: multiplicar oasis (proyectos comunitarios que mitiguen la desesperación), denunciar las causas estructurales de la violencia y enfrentar a quienes lucran con el sufrimiento ajeno. De esta forma, el discurso episcopal se transformó en una hoja de ruta que rechaza tanto las armas como las declaraciones huecas.
La preocupación por la inseguridad en México encontró en Tapachula una voz que, desde la fe, exige hechos. “La paz no se construye con armas ni con discursos vacíos”, repitió el obispo, y dejó una sentencia para quien quiera escucharla: la indiferencia duele tanto como la violencia.

