Ciudad de México.— A un año de la muerte del papa Francisco, la Dimensión para la Cultura y la Educación de la Conferencia del Episcopado Mexicano presentó el episodio 173 del programa Diálogos por la Esperanza, titulado “A un año de la Pascua del Papa Francisco”. En el programa, especialistas laicos y religiosos coincidieron en que el pontífice dejó un magisterio encarnado en la realidad contemporánea.
Alfonso Cortés, arzobispo emérito de León y titular de la Dimensión, definió a Francisco como “un testigo profético del Evangelio y de lo que es el ser humano”.
El presbítero Eduardo Corral Merino, moderador del espacio y responsable de los Proyectos Especiales de la citada Dimensión, afirmó: “Hemos celebrado hace algunos días el año de su Pascua y nos parece que en este momento los afectos están ya más serenos, la estabilidad eclesial es notoria”.
En el diálogo participaron Mónica Santamarina Noriega, presidenta de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas y consejera del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, reconocida por su labor en la promoción de la mujer en el mundo; la maestra Bertha Ballesteros Silva, empresaria y especialista en microbiología y doctrina social, con amplia trayectoria en formación y acción laical; el doctor Eduardo González Di Pierro, filósofo e investigador experto en fenomenología y bioética con proyección internacional, que colabora en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo; y el propio arzobispo Alfonso Cortés, quien también es miembro del Dicasterio para la Cultura y la Educación de la Santa Sede.
Testimonio y enseñanza
Alfonso Cortés dijo que la enseñanza del papa Francisco no puede entenderse sin su testimonio personal cuya vida y obra están profundamente unidas a su experiencia educativa y pastoral. Explicó que esta visión se nutre de una tradición sólida dentro de la Iglesia: “No podemos separar el concepto de educación y de cultura del Santo Padre, sin considerar que él recibió en sus manos la tradición ética profunda del Evangelio”.
Añadió que el pontífice también heredó el impulso del Concilio Vaticano II y la reflexión deL Papa Benedicto XVI sobre la “emergencia educativa”, pero fue más allá al enriquecerla “con su palabra y con su testimonio, hablando de una educación con un lenguaje profundamente social, ecológico y pastoral”.

En su intervención, Eduardo González Di Pierro, coincidió en que más que un pensamiento “sistemático”, la filosofía de Francisco es eco de su coherencia: “Estamos, me parece, ante una mirada… que en su reiteración, en sus gestos, en su lenguaje, en sus expresiones, revela una coherencia profunda”, afirmó, al considerar que dicha coherencia constituye en sí misma “una actitud filosófica fundamental”.
Conversión y compromiso
Los panelistas convergieron en que un rasgo distintivo del pontificado de Francisco ha sido “un magisterio profundamente encarnado en la realidad del mundo contemporáneo” cuyo propósito fue claro en la transformación eclesial: “Llegó, no para administrar una institución, de ninguna manera, sino para reformar su espíritu con un estilo sencillo, un lenguaje directo y gestos cargados de significado”, expresó Eduardo Corral, al describir un pontificado orientado a la renovación, la purificación y el fortalecimiento de la misión de la Iglesia en el mundo.

Ballesteros Silva explicó que el apartado 2 del capítulo cuarto, sobre la inclusión social de los pobres en Evangelii gaudium “realmente representa un programa de su pontificado”, al tiempo que lo definió como “el núcleo de su sueño para la Iglesia y el mundo” pues ofrece “una visión integral del Evangelio que no puede separarse de su dimensión social, política y económica”, marcando así una línea clara del pensamiento social impulsado por el Pontífice.
Mónica Santamarina secundó: “Desde el inicio nos lanzó como desafío la conversión pastoral para toda la Iglesia”, al tiempo que subrayó que este proceso no sólo fue impulsado desde el discurso, sino desde el ejemplo: “fue él el primero en guiarla, no sólo con sus palabras, sino con el propio testimonio”.
En el Diálogo, se reiteró el sentido del llamado del papa Francisco a ser una Iglesia activa y comprometida con la realidad social: “Nos dijo somos una Iglesia que debe de estar en salida, en servicio al mundo, anunciando la alegría del Evangelio”, citó Corral Merino y explicó que esta visión se tradujo en diez líneas fundamentales: La misericordia como centro, una Iglesia en salida, primacía de la acción pastoral, la sinodalidad, la ecología integral, la fraternidad universal, Reforma institucional de la Iglesia, el papel de la mujer en la Iglesia, el diálogo y la cultura del encuentro, el estilo del Papa como enseñanza.
Ballesteros Silva afirmó que Francisco en el apartado ya citado de Evangelii gaudium “inauguró todo un magisterio social” y fundamentó la inclusión de los pobres “no como un imperativo humanitario abstracto, sino con un fundamento teológico, cristológico”.

Por lo tanto, dijo, se trata de un llamado universal: “no se trata de una misión reservada sólo a algunos, nos convoca a todos”. Pues la solidaridad planteada por Francisco “supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos”.
Ballesteros también retomó la crítica del Pontífice a los males de la cultura contemporánea como la “dureza del corazón y la mente”: “Nos olvidamos, nos entretenemos, incluso nos extasiamos con las inmensas posibilidades de consumo y de distracción que ofrece esta sociedad”.
Ante la emergencia educativa
Corral Merino acotó: “Es muy interesante cómo todos los problemas sociales, el papa Francisco los veía desde las lentes de la educación y la cultura. Por eso generó este Pacto Educativo Global. No generó un pacto económico, no generó un pacto democrático para resolver otras crisis, sino el problema es el camino de la formación del ser humano”.
El arzobispo Cortés advirtió sobre una crisis estructural en el ámbito educativo, al señalar: “El Santo Padre señala que, lamentablemente, se ha abierto una brecha entre familia y escuela. Se ha roto el Pacto Educativo”.
Esta ruptura, explicó, ha debilitado la alianza entre familia, sociedad y escuela, al grado de que “han renunciado a su responsabilidad, volcándola sobre los educadores sobrecargados y escasamente reconocidos”, lo que ha reducido la educación a una función meramente transmisiva, perdiendo su dimensión humanística.

Asimismo, destacó las amenazas que enfrenta la educación contemporánea, centradas en la ruptura de las relaciones humanas: “Cuando rompemos la sed de necesidad del otro, cuando nosotros pensamos que solos podemos realizar nuestra vida, tenemos una ruptura profunda”.
En ese contexto, advirtió sobre “esa soledad educativa, que es una amenaza para el sentido de nuestra vida”, y subrayó la importancia de la “cultura del encuentro”, donde educar implica reconocer al otro: “la educación es un reconocimiento del otro… cuando la educación no reconoce el rostro del otro, se convierte en generar una cultura del descarte”.
Además, el arzobispo destacó que “el Pacto Educativo Global no es un programa educativo ni un plan de estudios, es ante todo una alianza, un compromiso moral y político”.
Subrayó que educar requiere la participación de todos los actores sociales: “para educar a un niño se necesita una aldea entera”. Y concluyó con una reflexión sobre el país: “Para mí el problema de México es un problema cultural”, dejando en claro que el desafío educativo implica una transformación profunda de la sociedad.
Promoción humana
Desde una perspectiva fenomenológica, González Di Pierro enfatizó que la pobreza ocupa un lugar central en el pensamiento del Pontífice. “La cuestión de la pobreza… no aparece como un objeto entre otros… sino como un lugar de manifestación de la verdad humana”, explicó, al precisar que esta categoría no es primero un concepto, sino una experiencia que interpela directamente al ser humano.
En ese sentido, destacó al encuentro como un eje central de esta visión: “El rostro concreto del otro… irrumpe, desestabiliza mis seguridades… demanda una respuesta de mi parte”, dijo, al añadir que el pobre no es solo alguien carente, sino alguien que “me reclama, que me saca de la indiferencia”, generando una interpelación ética profunda.
González Di Pierro sostuvo que esta visión trasciende una ética de la compasión para convertirse en una clave interpretativa de la realidad. “La pobreza no es solamente un problema a resolver… sino una clave hermenéutica… desde el pobre el mundo se reordena”. Concluyó, al afirmar que el pensamiento del papa Francisco tiene la capacidad de “invertir la intencionalidad dominante” y dirigir la mirada hacia aquello que suele quedar fuera del campo de atención.
En ese sentido, Santamarina destacó que “uno de los momentos más activos en la reflexión eclesial" del Papa para reorientar la mirada hacia aquello que tradicionalmente ha sido minimizado fue la recuperación del valor y la participación de la mujer; pues “la Iglesia fue construyendo poco a poco todo este cuerpo de magisterio sobre la cuestión femenina” y ahora se reconoce ampliamente las aportaciones de los pontífices anteriores y la opción tomada por Francisco: “Su mirada sobre la mujer se expresa en gestos concretos, en nombramientos, en entrevistas, y en los grandes documentos de su magisterio”.

La presidenta de la UMOFC enfatizó que el pensamiento del Papa se sostiene en la igualdad de dignidad entre hombres y mujeres, pero con implicaciones prácticas: “La base del pensamiento de Francisco es la afirmación de la igual dignidad de hombres y mujeres… pero para él esta afirmación interpela a la Iglesia y a la sociedad a pasar de las palabras a los hechos”, afirmó. En este contexto, recordó una de las frases más contundentes del Pontífice: “No le neguemos a las mujeres la voz”, señalando que esta exhortación refleja una preocupación real por la participación femenina en la vida eclesial.
Finalmente, Santamarina Noriega subrayó que: “la desigualdad de género para él no es un asunto de ideología, sino es un asunto de justicia evangélica”. También recordó una de sus expresiones más contundentes: “toda violencia infligida a la mujer es una profanación de Dios”, frase que, dijo, resume la gravedad moral de este problema y la urgencia de construir una cultura de dignidad y respeto hacia las mujeres en todos los ámbitos.
Diálogos por la Esperanza es un programa de análisis y reflexión de la Dimensión para la Cultura y la Educación de la Conferencia del Episcopado Mexicano, a cargo del arzobispo Alfonso Cortés; del secretario ejecutivo, presbítero doctor Carlos Sandoval, así como del asesor y responsable de Proyectos Especiales, presbítero maestro en Ciencias, Eduardo Corral Merino.
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