Monterrey, Nuevo León.- Rodrigo Correa, conocido en las redes sociodigitales como 'Padre Rorro' es sacerdote de Schoenstatt y rector del Santuario de María Madre Camino al Cielo. Expone en Follow Festival 2026 los criterios de su servicio en redes, la responsabilidad del ministro en ese espacio digital y el límite de las plataformas
El sacerdote Rorro afirmó que los criterios de la evangelización fuera de las redes sociales sirven, en su fundamento, para el continente digital. Mencionó el término que usaron el papa Francisco y el papa León. “Yo siento que los mismos criterios que nos sirven en la evangelización fuera de las redes sociales son prácticamente los mismos en fundamento”, dijo.
El punto de partida, explicó, es el mandato de Jesús de hacer discípulos a todos los pueblos. Su motivación, añadió, parte de su experiencia personal: “A mí Jesús me cambió la vida y Jesús le ha dado sentido a todas las cosas que hago y Jesús me ha hecho feliz”. Desde esa experiencia, dijo, busca compartir ese tesoro con las personas que pueda alcanzar. Las redes sociales, expuso, ofrecen un campo donde alguien puede escuchar de Jesús por primera vez.
Visibilidad, carisma y areópagos
La entrevista preguntó por el diálogo entre congregaciones religiosas y herramientas digitales. Correa distinguió dos dimensiones. La primera: la visibilidad de una comunidad pequeña como Schoenstatt. Esa visibilidad permite compartir la riqueza y la belleza de su carisma. La segunda: la presencia en redes como los areópagos del tiempo de San Pablo.
San Pablo predicaba a Jesucristo y tomaba contacto con las preguntas de personas que nunca habían escuchado hablar de Jesús. “Tomar contacto con sus preguntas creo que configura las respuestas correctas que el hombre necesita”, afirmó. Si la evangelización se queda en la teoría, añadió, el discurso puede dejar de tocar la vida de la gente.
Autenticidad y responsabilidad del ministro
Sobre las polémicas y los intentos de menospreciar el servicio digital, el sacerdote propuso varios criterios. La autenticidad como "uno de los primeros pasos del discipulado es ser muy auténtico con lo que uno es", dijo. Esa autenticidad, explicó, se define por la identidad como hijo de Dios y por la misión que Dios le ha regalado a cada persona. “Nadie puede suplantar la misión que Dios te ha regalado a ti”, afirmó.
Si una persona no vive su vida desde el amor, dijo, se pierde una santidad que nadie más puede vivir con su historia, su forma de amar, su mirada y sus gestos.
Un segundo criterio es la conciencia de representación. El 'Padre Rorro' se describió como conservador en ese punto. Sostuvo que cuando habla el cura, habla también la Iglesia. Él lo tiene presente cuando alguien lo ve en redes sociales.
Explicó que un ministro puede tomar decisiones editoriales y acercarse a la frontera de la polémica, pero sin perder de vista esa representación: “No me interesa tanto hablar de mí en redes sociales... Yo quiero hablar de Jesús”, dijo. Si contar algo personal sirve para ese fin, dijo, lo cuenta. Pero busca que el Señor esté en primer plano.
Comunidad, oración y peticiones
Frente a la posibilidad de atender la comunidad que surge en las plataformas, respondió que las redes sociales permiten tomar contacto con personas que nunca habrían coincidido con él. Esa experiencia, dijo, configuró su vida de oración.
Relató que alguien le escribe por redes sociales, le cuenta que un video le tocó el corazón y le pide oración por un hijo. Él se hace cargo de esa oración y la recuerda en la misa. “Quizás nunca nos conozcamos en persona y las redes sociales nos permitieron este puente”, afirmó. Ese puente, añadió, permite presentar a esa persona ante Jesús.
Por ello, el lenguaje y los códigos digitales son relevantes. El sacerdote propuso la estrategia de Jesús en el Evangelio. Antes de un milagro o de un discurso, el Evangelio dice que Jesús miró a la persona. “Jesús los miró”, citó. Ese encuentro precede a la acción. Por eso, en redes sociales, pidió un esfuerzo consciente por reconocer a una persona concreta al otro lado. El sacerdote afirmó que esa mirada modela las palabras, el modo de transmitir el Evangelio y la decisión sobre qué decir y qué no decir.
También reconoció un límite de las plataformas. Una conversación digital no equivale a una conversación presencial. “Las redes sociales tienen un límite”, afirmó. Aun así, pidió el ejercicio de mirar al otro antes de hablar, antes de tocar y antes de aconsejar.
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