Después de que el cardenal Pietro Parolin, cumpla con su prolífica visita a tierra chapín en donde participa del 90 Aniversario de Relaciones Diplomáticas entre Guatemala y la Santa Sede; el cardenal secretario del Vaticano hará una breve escala en México en donde sostendrá reuniones con la cúpula del episcopado nacional así como con representantes del gobierno federal y otros liderazgos sociales y políticos del país.
Parolin ha sido el ‘Número Dos’ del Vaticano desde que el papa Francisco lo nombró en 2013 y siempre ha tenido una cercanía con México y mostrado disposición de visitar el país cuando la ocasión lo amerita. No hay que olvidar que, entre 1989 y 1992, colaboró como secretario de la Delegación Apostólica en México con el entonces delegado Girolamo Prigione.
En esos años, la diplomacia vaticana y el gobierno federal trabajaron para avanzar en el reconocimiento legal e institucional de las Iglesias ante el Estado mexicano y en la reanudación de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y México. Un paso histórico importante postergado durante décadas por la simulación en la que operaron tanto el poder político como las instancias religiosas tras el conflicto armado de la Guerra Cristera.
Como secretario de Estado, el cardenal Parolin ha visitado México en varios momentos y ha mantenido una estrecha cercanía con la Iglesia mexicana incluso desde Roma: en 2014 fue recibido por el presidente Peña Nieto quien lo condecoró con la Orden Mexicana del Águila Azteca; en 2016 participó en la comitiva pontificia de la Visita Apostólica de Francisco; en 2021 presidió la ordenación episcopal del nuncio mexicano Fermín Sosa, celebró Misa en la Basílica de Guadalupe y fue nombrado Huésped Distinguido de la ciudad; y en 2022 regresó al país para participar en la conmemoración del trigésimo aniversario del restablecimiento de relaciones diplomáticas con el evento ‘Laicidad abierta y libertad religiosa, una visión contemporánea’.
Por ello, la actual estancia que tendrá el cardenal en México –por fugaz que sea– ha despertado interés sobre las noticias que traiga de Roma. Es claro que el cardenal Parolin traerá por lo menos un mensaje de cercanía del papa León XIV al pueblo mexicano, porque tanto el episcopado mexicano como las autoridades civiles del país han sido insistentes en transmitir al pontífice diversas inquietudes y propuestas.
La noticia más esperada es la respuesta del Papa a la reiterada invitación para que visite México antes del 2031 (cuando el propio pontífice ya ha confirmado que hará lo posible por estar en el 500 aniversario del Acontecimiento Guadalupano); pero hay otros temas también de interés para el Vaticano, el gobierno federal y el episcopado nacional: la compleja convergencia de varias sucesiones episcopales metropolitanas, la vigilancia vaticana de procesos de renovación administrativa en la Basílica de Guadalupe anunciadas por la propia jerarquía católica, la responsabilidad diplomática y de acción humanitaria frente a los fenómenos migratorios en la región y el continente; la participación transversal de las iglesias y organizaciones sociales en procesos de paz; y la reconciliación histórica ante largas narrativas contenciosas entre la identidad, la libertad religiosa y la transparente participación cívico-política de lo religioso en el espacio público.
Parafraseando la máxima de la diplomacia eclesiástica, en breve se divulgarán qué decisiones ha tomado el Santo Padre respecto a los temas que desde México se han impulsado con mayor interés y denuedo. La visita del Papa a México no se descarta, sería por supuesto, después de su viaje sudamericano y su retorno a la diócesis peruana de Chiclayo que ya está programada para noviembre próximo.
Así, una potencial visita pontificia entre 2027 y 2028 estaría aún enmarcada por la memoria del conflicto político-religioso de hace un siglo; con los aniversarios martiriales de varios beatos y santos mexicanos; con la necesidad de incorporar plenamente en la Iglesia mexicana la actualización de la mirada teológico-pastoral del Concilio Vaticano II; y con una primera evaluación de ‘corte de caja’ respecto a los avances en los 35 compromisos episcopales asumidos hace una década en el Proyecto Global de Pastoral 2031+3033.
Hay finalmente una noticia que también se espera desde el Vaticano y es respecto a todo el itinerario celebrativo que se promueve frente al medio milenio de presencia de Guadalupe en México. Como se sabe, el papa Francisco manifestó una devoción silenciosa y profunda a la Virgen Morena del Tepeyac cuando visitó México, pero no fue particularmente entusiasta de promover meros actos celebrativos vistosos frente al aniversario.
En la Santa Sede se cuenta cómo el pontífice argentino respondió ante ciertos proyectos festivos: “¿En 2031? ¡Eso ya lo verá Juan XXIV!” Francisco sabía que no le tocaría verlo, pero le preocupaba que el pueblo se enfocara en lo fasto y no en la espiritualidad guadalupana (eje de su discurso histórico en la Catedral de México en 2016). Ahora es momento de que León XIV, quien fuera el prefecto del Dicasterio de los Obispos en tiempos de Francisco y que conoce muy bien cómo son y cómo trabajan los obispos de México, instruya con claridad cómo la Santa Sede acompañará al pueblo mexicano en la preparación del trascendente aniversario guadalupano. Los gestos de Parolin en México al respecto, serán muy elocuentes.
*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

