Una novela conmovedora sobre el misterio de la muerte... Leí la recomendación el año pasado en uno de los portales que visito cotidianamente en el mundo inmenso de internet. Desde entonces busco el libro. Vi el anuncio de la película. La veré después de leer el libro, por supuesto.
Pero no aparecía. Estuve tentado a ver la película. No pude.
En la FIL de Guadalajara lo busqué como loco. Alicia, la heredera y consejera sigilosa de compra de bienes, es testigo. No lo encontré. Se anunciaron los premios Oscar y allí aparecía Hamnet. Cuando lea el libro, que se hace perderizo, la veré.
Ganó un Oscar. No sé cuál, pero lo ganó. Me atreví a preguntar por los librerías de mi terruño. Como era de esperarse, nada. En fin, a ver cuándo se le ocurrirán a las editoriales dar una volteada a Chihuahua y saber que hay mercado para los libros.
Sin olvidarme plenamente, me olvidé de Hamnet.
De regreso de El Salvador, a donde fui a encontrarme con Mons. Óscar Arnulfo Romero y descubrí la sencilla pero profunda amistad de Malena y David, me encontré de regreso un sábado de cielo azul en la Ciudad de México con mi grato amigo Jorge Eugenio. Mientras comíamos unas viandas y platicábamos de todos los temas de aquí y de allá, Cruz Azul y América escenificaban un partido para el olvido. Al final, antes del abrazo, Jorge me sugirió ir a Miguel Ángel de Quevedo. “Te va a gustar, hay librerías”. Fui. Me gustó.
Me traje docena y media de libros. Hamnet, entre ellos, por supuesto.
Una novela conmovedora sobre el misterio de la muerte.
Tierna. Nada de romanticismos, pero llena de amor. Alejada del pomposo ambiente de la época de finales del siglo XVI. Mostrando una realidad alejada de las escenas en las ciudades de ese período. Enseñando el interior de los personas, olvidándose incluso del exterior. Con una redacción que se detiene en detalles para darle profundidad al pensamiento interior de los personajes, sobre todo al de la protagonista.
Con la referencia histórica que abre la novela, la autoría emite una síntesis clara del texto mismo. “En la década de 1580, una pareja que vivía en Henley Street (Stratford) tuvo tres hijos: Susanna y Hamnet y Judith, que eran gemelos. Hamnet, el niño, murió en 1596 a los once años. Cuatro años más tarde su padre escribió una obra de teatro titulada Hamlet”.
Pero Shakespeare no aparece como tal. Bueno, sí, pero no. Nunca es mencionado por su nombre ni apellido. Es el esposo de Agnes, la verdadera protagonista de la novela, aunque en el fondo es Shakespeare el trasfondo de Hamnet. Digamos que a través de los ojos y pensamientos de Agnes es como Hamnet o Hamlet se hace realidad en Shakespeare.
La primera parte, escrita a dos o tres tiempos, tarda en desarrollarse. De pronto, se me hizo pesada. Se entienden los vuelcos sin previo aviso en el tiempo, pero de pronto me perdía con los personajes. Pero si hay un hilo conductor, del que me agarré para no soltarla. Al final de esa primera parte, le tomé candor.
Apenas pude soportar el dolor de Agnes. Fue cuando encontré el talante de la redacción de Maggie O’Farrell. Tiene esa belleza literaria en la pureza de las palabras, en la sencillez de desvelar sin ambages el interior del corazón y de colocar las frases en el punto exacto para sufrir con la protagonista, para gozar en el juego de los niños, para alarmarse en el viaje a Londres, para titubear en la obra de teatro final y para exponer el alma de los personajes.
La segunda parte, después de la muerte de Hamnet, es descubrir cómo la familia Shakespeare intenta encontrar el lugar sin el hijo. El lamento materno, el silencio huidizo paterno, el llanto de la gemela, la inquietante madurez de la hermana mayor…
Y con finas y expresivas frases, la autora nos va llevando de su mano para descubrir cómo dos corazones tan distintos se unen ante el dolor del hijo perdido. Ella, sosiega su dolor sirviendo a sus vecinos a través de los emplastos que prepara con las hierbas que siembra en el jardín trasero de su villa amplia. Él, calma su alma con la palma de su mano sobre el papel para escribir una de las grandes obras del mundo literario. Ambos, desde su corazón destrozado pero esperanzado, hacen frente a ese reto tan difícil de llevar: la pérdida de un hijo.
Sí. Hamnet es una novela conmovedora sobre el misterio de la muerte.
Agnes, cuando han transcurrido cuatro años de la muerte de su hijo, se hace una pregunta introspectiva. “Si veo hoy a Hamnet, ¿lo veré como un niño como cuando murió, o lo veré como si hubiera crecido y ahora lo vea hecho un hombre?”. El misterio de la muerte, cuya respuesta veladamente aporta la autora en el desenlace.
Un apunte final. Maggie lo aclara al final. La madre de Hamnet, la esposa de Shakespeare, aparece como Agnes. Agnes es históricamente conocida como Anne Hathaway. Sí, el mismo nombre de mi novia, la actriz que recién estuvo en México para promocionar su nueva película.
Hablando de películas, espero ver Hamnet, que ganó un Oscar, no sé cuál, pero lo ganó.
Nos leemos la próxima. ¡Hay vida!

