Aquel ocho de mayo del año pasado estaba yo en las oficinas del Seminario de Chihuahua resolviendo un entuerto que me estaba dejando impaciente. Concentrado yo en esos papeles, me sobresalté cuando oí la voz del otro lado. Humo blanco.
Dejé los papeles y el entuerto para más tarde y me repantingué en el sillón cómodo gris frente a la televisión que anunciaba que había un nuevo Papa. Son noticias a las que se les debe dar un trato preferencial. Así lo hice.
El periodista hablaba y hablaba de todos los temas posibles mientras el protocolo vaticano se cumplía antes de dar a conocer la noticia. Me preguntaban por el WhatsApp mi cardenal “favorito”. No quería responder, dada mi gran habilidad para fallar en estos menesteres. Un minuto antes del anuncio, me atreví a decir que sería el Cardenal Pizzaballa…
Habemus Papam. Puse atención al nombre. Es… Cardenal… y ha tomado el nombre de León XIV. No entendí el nombre, pero me vino a la mente León XIII, a quien reconocía por dos hechos: había creado la diócesis de Chihuahua en 1891, un poco después de haber publicado la encíclica Rerum novarum, que daba formalidad a toda la doctrina social cristiana.
¿Quién es? Oí que me preguntaron. No sé. Tampoco el periodista en la televisión tenía mayores referencias porque solo decía León XIV, ya que no conocía el nombre del Cardenal. En el WhatsApp pasaba lo mismo. Tras un minuto de incertidumbre leí el nombre: Robert Francis Prevost. No sé quién es. Dije. Ni me suena el nombre.
Con el paso de los minutos nos fuimos enterado de algunos detalles. Nacido en Chicago. Agustino. Misionero en Perú. Superior de los agustinos. Obispo de Chiclayo. Creado cardenal por Papa Francisco.
No se le conocían libros. De allí se derivaba la pregunta de ¿cuál es el pensamiento de León XIV? Yo me la hice muchas veces. Su primer texto largo, la exhortación apostólica Dilexi te, publicada en octubre pasado, tampoco dio mucha luz: tiene mucho de Papa Francisco.
Con el paso de las semanas conseguí dos biografías. Nada. Mal escritas y mal investigadas. Luego se anunció León XIV, ciudadano del mundo, misionero del siglo XXI, de Elise Ann Allen. Parecía ser la primera biografía bien documentada, que incluía una entrevista -la primera- que el Papa ofrecía a la autora.
Salió primero en Perú y tardó en llegar a México. Me consta porque en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en diciembre aún no la tenían.
Yo la conseguí en la tienda del tecolotito a finales de enero.
Bien hecha. Bien documentada. Bien escrita. Da un panorama amplio del Papa León. La autora se aproxima con los personajes que acompañaron a Prevost por Perú. Entrevista a cuanta persona tuvo vasto contacto con el Obispo de Chiclayo. Revisa documentos e informes. Indaga en Perú, en Chicago, en Roma. Va con los agustinos. Conocedora de los entresijos vaticanos, la autora también investiga por esos lugares y personas.
El resultado es un excelente libro.
Lo que me sorprende es cómo el mundo no se enteró de tanta capacidad de un cardenal poco o casi nada mencionado antes del último cónclave. Yo incluido, por supuesto. Porque la biografía de Ann Allen nos presenta a un Prevost de muchas cualidades, tal cual como lo vimos en el affaire con Trump y disfrutando el viaje a África. Quizá no lo hayamos visto en toda su capacidad hasta por estos días cuando con un tono sencillo, afable y paciente levantaba su voz para pedir la paz en el mundo.
No es que Prevost haya salido a decirnos cómo es, sino que nos estamos enterando de que León XIV es un gran Papa. Que su voz se hace potente en la medida que anuncia a Cristo sin ningún temor. Y que no teme poner su palabra en la palestra del mundo a pesar de que no siempre pueda ser bien entendido por los poderosos terrenos.
El hombre que nos presenta Elise Ann en su texto es el mismo Papa que no teme abordar ningún tema y nos lo demostró en la rueda de prensa de su regreso del extraordinario viaje a África.
La entrevista que la autora le hace al Papa León en dos momentos distintos, pero no muy distantes, y que aparece en el libro en mención nos llevan a conocer los temas que le preocupan. Me llama la atención que uno de ellos sea el uso de la Inteligencia Artificial. Además de los temas en los que cree que la Iglesia deba estar siempre presente.
Lo que le han dicho de que debe ceñirse solo a la evangelización y a lo que le concierne al espíritu no le harán mella. Insistirá en promover la palabra de Cristo y de la Iglesia aquellos temas que considere le afecten al hombre concreto.
Elisse Ann Allen hizo un excelente trabajo sobre la vida de un excelente Papa, que comenzamos a conocer y a reconocer… y a amar también.
Nos leemos la próxima. ¡Hay vida!

