Bogotá, Colombia.- Conferencias episcopales católicas de África, América Latina y el Caribe, Asia, Europa y Oceanía publicaron un manifiesto conjunto en el que exigen a los gobiernos y a la comunidad internacional acelerar la transición energética y abandonar progresivamente el uso de combustibles fósiles.
El documento, titulado "Towards peace with creation: an urgent call for a just transition beyond fossil fuels" ("Hacia la paz con la creación: Un llamado urgente a una transición justa más allá de los combustibles fósiles"), busca fortalecer la presión moral y política para enfrentar la crisis climática desde una perspectiva de justicia social.
Los firmantes advierten que el calentamiento global ha alcanzado niveles récord en los últimos tres años, un indicador inequívoco de la intensificación del cambio climático provocado por la actividad humana. Esta situación, señalan, no representa únicamente un problema ambiental, sino que constituye una crisis social, económica y espiritual.
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Las consecuencias del aumento de la temperatura global afectan de manera desproporcionada a las poblaciones más vulnerables. Sequías, inundaciones, pérdida de biodiversidad y migración forzada son fenómenos que ya transforman la vida de millones de personas en los territorios representados por las iglesias firmantes.
El manifiesto retoma elementos de documentos previos, como el pronunciamiento emitido durante la COP30 en Belém, Amazonía, titulado "Un llamado a la justicia climática y nuestra casa común: conversión ecológica, transformación y resistencia a las falsas soluciones". También se fundamenta en las encíclicas Laudato Si' y Laudate Deum del papa Francisco.
Los obispos incorporan en el texto una frase del papa León XIV: "Afirmamos que es esencial transformar las palabras y reflexiones en acciones basadas en la responsabilidad, la justicia y la equidad para lograr una paz duradera, cuidando la creación".
La transición energética, de acuerdo con el manifiesto, no puede limitarse al cambio tecnológico. Debe ser "justa" y capaz de proteger a los trabajadores, las comunidades y los territorios que dependen de la industria de los combustibles fósiles.
El documento señala explícitamente la responsabilidad histórica de los países industrializados, que durante más de un siglo basaron su prosperidad en el uso masivo de carbón, petróleo y gas. Estas naciones tienen el deber moral de liderar el proceso de descarbonización y apoyar económica y tecnológicamente a los países en desarrollo.
Sin este apoyo, advierten los firmantes, la transición energética corre el riesgo de convertirse en una nueva forma de injusticia global que perpetúe las desigualdades entre el norte y el sur.
Una de las propuestas concretas del manifiesto es la creación de un Registro Mundial de Combustibles Fósiles. "Para garantizar la rendición de cuentas, es necesario crear un Registro Mundial de Combustibles Fósiles como herramienta útil para una transición justa y equitativa, que permita el monitoreo de la producción y las reservas, de modo que todos los miembros del ecosistema energético rindan cuentas", plantea el texto.
Los obispos concluyen con una afirmación contundente: "No podemos permanecer indiferentes cuando los modelos económicos y financieros ponen en riesgo la vida humana".
El lanzamiento oficial del manifiesto se realizó mediante un seminario web el 16 de marzo de 2026, con interpretación en inglés, español, portugués, italiano y francés. La organización estuvo a cargo del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), el Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM) y la Federación de Conferencias Episcopales de Asia (FABC), con el apoyo del Movimiento Laudato Si' y otras instancias eclesiales dedicadas a la ecología integral.
El llamamiento está dirigido no solo a los gobiernos, sino también a las instituciones financieras, las empresas energéticas y la sociedad civil. El documento sostiene que todos están llamados a contribuir a la construcción de un modelo de desarrollo capaz de combinar la justicia social y la protección del planeta.
Lo que está en juego, concluye el manifiesto, no es únicamente el futuro del medio ambiente, sino la posibilidad misma de garantizar una vida digna para las comunidades humanas que habitan la Tierra.

