Ciudad de México.- La Comisión Episcopal para la Pastoral Litúrgica de la Conferencia del Episcopado Mexicano reunió en un encuentro internacional a 90 personas de 21 estados de la República, con representación de 14 lenguas originarias, así como traductores y agentes de pastoral de Bolivia, Guatemala y Colombia. El objetivo fue escuchar las experiencias de las comunidades indígenas en los procesos de traducción de los textos litúrgicos y avanzar en las adaptaciones aprobadas por la Santa Sede.
Víctor Sánchez Espinoza, arzobispo de Puebla y presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral Litúrgica, explicó el trabajo formal: “Ya hay algunos trabajos de traducción y adaptación que se han realizado. El trabajo lo hacen ellos en su lengua, expertos en la lengua, personas del lugar que hablan la lengua. Después se lo presentan a su señor obispo; y después ese equipo con el señor obispo, lo presentan a la Comisión Episcopal para la Pastoral Litúrgica de la Conferencia del Episcopado Mexicano. Finalmente los obispos presentamos estos trabajos al Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos para su aprobación". Actualmente, hay tanto textos sagrados como rituales litúrgicos adaptados en lenguas del sureste mexicano (tseltal, tsotsil, ch'ol, tojolaba y zoque) y en rarámuri para las comunidades de la Sierra Tarahumara.
Sánchez Espinoza detalló que en 2023 se realizó un primer encuentro en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, y que ahora se busca “escuchar lo que nos comparten los hermanos y las hermanas de estas comunidades indígenas”.
El cardenal Felipe Arizmendi Esquivel, obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, ofreció el fundamento teológico del proyecto: “Jesucristo se hizo –aunque la palabra pudiera parecer rara– indígena. ¿Por qué? Porque él no nació en Jerusalén, en Grecia o en Roma. Él quiso primero nacer en Belén por todas las profecías, pero luego vivir en Nazaret, que era como un pueblo con un idioma marginal y despreciado”, señaló.
Arizmendi agregó además el acontecimiento guadalupano: “La Virgen de Guadalupe no habla castellano de los conquistadores, sino el náhuatl de los oprimidos. Entonces es el camino que ella nos ha enseñado también”. El cardenal recordó que el Concilio Vaticano II, en 1963, estableció que “no debería haber uniformidad en la liturgia. Unidad sí, pero no uniformidad”.
Lidia Izquierdo Robles, hablante de lengua otomí (ñañú) originaria de San Cristóbal Huichochitlán, Toluca, describió las dificultades cotidianas: “También ahí en la parroquia se siente la marginación. Y estamos luchando porque se les reconozca el lugar. Y que a veces no se quiere ni siquiera que se vea el evangelio o algunas cosas en su idioma. Como diciendo eso ya no sirve, eso ya pasó”, relató.
Izquierdo Robles, quien forma parte de un grupo de traductores, expuso una contradicción interna: “Lamentablemente que nuestra misma gente es obstáculo para caminar en este trabajo”. Añadió que los indígenas enfrentan indiferencia de otros sectores: “Solo les interesamos cuando tienen una tarea, cuando tienen un trabajo para que sean reconocidos”. Sobre la práctica lingüística, advirtió: “Los hermanos de la misma comunidad también lo hablan, pero lamentable, bueno, lo lamentable para mí es que ellos lo han españolizado. O sea, hablan mitad o español y mitad otomí”.
Por su parte, Sanjuana Oliva Briones, misionera en la sierra Tarahumara desde 1999, expuso la cosmovisión rarámuri: “El raramuri tiene una identidad de caminante de salir a buscar; la pobreza del rarámuri, lo que realmente le hace sufrir es que no llueva, que no caiga nieve, que se sequen los aguajes, que se esté acabando el bosque, que no puedan realizar sus fiestas como Onorúame, el Dios, les enseñó y les pidió para armonizar el mundo”, explicó.
Briones destacó el valor espiritual de las ceremonias ancestrales y subrayó el legado de los primeros misioneros jesuitas: “Ellos se insertaron, aprendieron la lengua y ahora, para los misioneros y misioneras que estamos allá, nos dejan esa herencia y ese gran reto de seguir acompañando”.
El arzobispo Sánchez Espinoza precisó los alcances técnicos del proceso: “Todos los textos litúrgicos y los libros litúrgicos se traducen de latín, es la lengua en la que la Santa Sede los publica”, aclaró. Informó que México cuenta con traducciones aprobadas para las lenguas de Chiapas y para la Tarahumara.
Y detalló tres adaptaciones ya incorporadas al Ordinario de la Misa para esas comunidades: la oración principal de la comunidad, realizada por un agente pastoral local; las incensaciones, realizadas con frecuencia por mujeres; y una danza ritual de acción de gracias. Sobre los límites, el arzobispo afirmó: “Nos han permitido las traducciones, las adaptaciones, pero un cambio o quiero decir, un rito expresamente nuestro, lógicamente no. Tiene que ser el rito que celebra toda la Iglesia universal”.
El cardenal Arizmendi reconoció también que este esfuerzo no se limita a México sino que een contexto latinoamericano hay traducciones y adaptaciones aprobadas en aimara en Bolivia, en quiché en Guatemala, y los esfuerzos en la Amazonía, donde existen 240 etnias. Reconoció, sin embargo, las resistencias existentes: “La primera resistencia a los procesos de traducción y adaptación es de los mismos indígenas, como dice Lidia, algunos dicen: ‘eso ya no sirve’. Les hemos hecho sentir que no valen… hemos hecho sentir que eso no vale”, declaró.
Y señaló una problemática adicional: “Incluso hay sacerdotes que no quieren reconocerse como indígenas. Y esto es muy delicado. Es una resistencia muy grave”. También advirtió sobre la falta de preparación en algunos equipos: “Suele haber gente de muy buen corazón, pero no sabe nada ni de Biblia, ni de liturgia, ni de teología, ni de cultura”.
Lidia Izquierdo Robles concluyó con un llamado a las propias comunidades: “Yo deseo invitarle a mis hermanos de la comunidad de pueblos originarios, que valoren su lengua, que la conserven desde raíz, porque a mí me da mucha tristeza de que se llegue a perder y ser una lengua muerta”.
DEL TEMA: Arzobispo de Tuxtla denuncia indiferencia ante exclusión indígena y migrante en Chiapas

