Ciudad de México.- La llamada Inteligencia Artificial (IA) ya participa casi de todos los ámbitos de la vida moderna, y la educación no es la excepción. En un reciente estudio, los investigadores José Sols Lucía y Julia Argemí Munar, profesores de la Universidad Iberoamericana, se cuestionan si estamos ante una herramienta que potenciará la formación integral de las nuevas generaciones o frente a un riesgo que podría erosionar lo más profundo del proceso educativo.
El estudio ético y antropológico titulado “Nuestra paideia: Análisis antropológico y ético del uso de la Inteligencia Artificial en el sistema educativo” retoma el concepto griego de “paideia” —el ideal de formación humana y ciudadana— y propone que hoy debemos construir una “nueva paideia” que nos permita discernir cómo integrar la IA de manera significativa, sin que esta suplante la esencia humana de la educación. La reflexión no se limita a lo técnico; se adentra en lo filosófico: ¿Qué tipo de seres humanos queremos formar en un futuro donde la IA será omnipresente?
Una IA que acompañe, no que suplante
La IA ofrece ventajas innegables: desde la personalización del aprendizaje hasta el procesamiento rápido de datos que enriquece las metodologías docentes. Como señalan los autores, ya no dependemos de mapas “ennegrecidos y agrietados”; un profesor puede crear, en segundos, un mapa interactivo que muestre el crecimiento demográfico mundial desde 1500. La clave, subrayan, es que la IA debe ser un acompañante que refuerce lo humano, no un reemplazo.
“La ecuación debería ser: ‘a mayor inteligencia artificial, mayor inteligencia humana’; y nunca esta otra: ‘a mayor inteligencia artificial, menor inteligencia humana’”.
El estudio propone un “cuadrado educativo” donde los cuatro vértices —estudiantes, maestros, padres e IA— interactúen en equilibrio. La educación, recuerdan, no es solo información, sino también conocimiento y sabiduría. La IA puede aportar mucho en el primer nivel, menos en el segundo y nada en el tercero.
“La educación no es una simple transmisión de información… es acompañar al joven a descubrir la riqueza que hay en él”.
Riesgos éticos: Cuando la tecnología amenaza lo humano
El lado oscuro de la IA en educación ya es visible. Los autores alertan sobre una “generalizada falta de inteligencia, concentración, numerosos adolescentes con TDAH, abundantes dislexias, estrés infantil, cuadros de ansiedad” asociados al uso desmedido de pantallas. Un mal uso de la IA, advierten, puede alejar a los estudiantes de la realidad, sumiéndolos en un mundo virtual donde “lo virtual se confunde con lo real”.
“El día en que ya no sepamos decir ‘No; lo haré por mí mismo, sin el ordenador’, estaremos antropológicamente muertos; seremos siervos de la tecnología”.
La Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea (2023) cataloga la educación como un ámbito de “alto riesgo”, señalando el peligro de daños graves en la formación cerebral, la capacidad de concentración, la salud psíquica y la sociabilidad de los estudiantes. No es una proyección lejana: “Eso ya ha empezado”.
“Debemos transmitir a nuestros alumnos que la IA no es dios… para no ser fagocitados por una tecnología que ha olvidado que es la persona quien está en el centro.”
El caso de Francia: Un debate pionero y alarmante
En Francia, el debate educativo sobre la IA está en ebullición. Los sindicatos docentes alertan sobre el posible reemplazo de profesores por algoritmos, la “uberización” de la profesión docente y la creación de una brecha entre profesores certificados en IA y aquellos que no lo están, lo que podría derivar en discriminación salarial.
El propio Ministerio de Educación francés fomenta el uso de IA generativa, pero también advierte: su uso para realizar tareas sin autorización docente constituye un fraude. Sin embargo, desaconseja el uso de detectores de IA por su falta de fiabilidad, lo que deja a los educadores en un limbo jurídico y ético.
Un experimento en un aula francesa con ChatGPT fue revelador: los estudiantes obtuvieron en segundos una biografía de Victor Hugo, pero esta contenía dos errores fundamentales (fecha de nacimiento y lugar de fallecimiento). La lección: la IA no es infalible, y confiar ciegamente en ella es un riesgo.
¿La IA nos vuelve menos creativos?
Un estudio de la Universidad de Pennsylvania (2025) comparó la creatividad en escritura entre tres grupos: los que usaron modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM), los que usaron motores de búsqueda y los que usaron solo su cerebro. Los resultados mostraron un rendimiento consistentemente inferior a nivel neuronal, lingüístico y conductual en el grupo que usó IA. La pregunta que plantean los investigadores es directa y preocupante: ¿La IA nos vuelve a todos idiotas?
Los autores concluyen que, más allá de las leyes y normativas, es esencial recuperar tres pilares: la inteligencia humana, la responsabilidad y el discernimiento. La llamada es clara: educadores, padres y estudiantes deben dialogar para guiar la integración de la IA, asegurándose de que “construya humanidad en lugar de destruirla”.
“Estamos ante un problema moral mayúsculo… esta generación corre el riesgo de sufrir daños muy graves en la formación de su cerebro, en su salud psíquica y en su sociabilidad.”
El futuro de la educación no está escrito. Depende de las decisiones éticas que tomemos hoy. La IA puede ser una gran aliada, pero solo si no olvidamos que, en el centro de todo, está la persona, recuerdan los autores.
El texto original del artículo académico: https://avances.adide.org/index.php/ase/es/article/view/1012/1114

