Aguascalientes, Ags.- El desenfreno, la violencia y la cosificación de las personas desfiguran la celebración local más importante del estado denunció el obispo Juan Espinoza Jiménez: “La ganancia económica vale más que las personas”, afirmó. Llamó a la sobriedad cristiana y a privilegiar la dignidad humana sobre el interés económico.
La Feria de San Marcos cumple 198 años. Pero para el obispo de Aguascalientes, Juan Espinoza Jiménez, la verbena abrileña ha perdido parte de su sentido. Durante la misa de gallo oficiada en el templo de San Marcos, con motivo del día en que se venera al santo (25 de abril), el religioso lanzó un diagnóstico crudo sobre la celebración.
“Hay que reconocer con sinceridad y humildad que en medio de la fiesta crecen sombras que desfiguraron el sentido por el exceso, desenfreno, violencia, abuso de alcohol, consumo de drogas, superficialidad, explotación y cosificación de las personas”, declaró.
Espinoza Jiménez señaló que la pérdida de sentido moral y la búsqueda desmedida del placer y el dinero como fin último, desplaza la dignidad humana: “La ganancia económica vale más que las personas, que la diversión la convierten en desorden y la fiesta pierde su alma”, afirmó.
El obispo aclaró que la Iglesia no se opone a la fiesta: “Nos interesa que la sociedad y la iglesia no se oponen a una fiesta, pero sí a promover que se denigre al ser humano y que degrade la fortaleza del tejido social en espacios de violencia y vacío moral”, explicó. La reflexión se inscribe en un año pastoral de encuentro con Cristo, donde la diócesis busca revelar “la verdad del hombre y la autenticidad de la alegría humana”.
Espinoza criticó las dinámicas sociales festivas basadas en la soberbia y el exceso: “El afán de aparentar y consumir sin medida, tener placer sin responsabilidad y llaman libertad a cualquier cosa que les venga en gana, menos a la palabra de Dios”, señaló.
Citó la segunda lectura de San Pedro, que pide a los convertidos “ser sobrios y estén alerta”. Y definió la sobriedad cristiana: “No significa tristeza y depresión, sino una verdadera libertad interior y disfrutar de los bienes sin convertirnos en esclavos”.
Lanzó una frase que resume su postura: “Hay que saber divertirse sin perder la dignidad”.
El obispo propuso varios puntos a las autoridades civiles y a los organizadores de la feria. Primero, recuperar “el sentido humano y espiritual de la fiesta, recordando el servicio personal y no que la persona entre en el mercado del placer”. Segundo, promover la responsabilidad personal y familiar, cuidando “sobre todo a los adolescentes y jóvenes, que tengan un espacio de convivencia y que no estén en ambientes que favorezcan las adicciones u otras cosas destructivas”. Tercero, organizar y regular la feria para que se privilegie “la dignidad humana por encima del interés económico, favoreciendo ambientes seguros, sanos y ordenados”.
A pesar de las críticas, Espinoza Jiménez reconoció los esfuerzos de las autoridades. Agradeció y felicitó a las autoridades civiles por el empeño y la manera especial que pusieron este año para que fuera una feria más segura. También reconoció a la gente que ordena y limpia las calles ocupadas por la feria.
El obispo llamó a los creyentes a llevar presencia del Evangelio en medio de la fiesta: “Debemos hacer una oportunidad para que las personas redescubran a Cristo y que se den cuenta que no quita la alegría, sino que purifica y dignifica, que no rechaza la alegría, sino lo que destruye al ser humano y denigra su dignidad”, concluyó.
La Feria de San Marcos, una de las más grandes de México, enfrenta así una interpelación desde la fe: que el negocio, el entretenimiento y la fraternidad no se construyan sobre la explotación ni el vacío moral. Que la fiesta, en suma, recupere su alma.
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