Ciudad de México.- Luego de que la jornada del #8M en México dejara una estela de contrastes para la ciudadanía, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) emitió un comunicado en el que reitera su acompañamiento a quienes padecen violencia y hace un llamado a las autoridades para atender las demandas legítimas. Sin embargo, también expresó su preocupación por los actos vandálicos registrados contra instalaciones civiles y religiosas, en particular el incendio de la puerta del Sagrario Metropolitano, La Compañía, en San Luis Potosí.
“Las expresiones y movilizaciones que hemos visto ayer nos recuerdan una realidad que no podemos ignorar: miles de mujeres en nuestro país siguen clamando para que se les haga justicia, se les ofrezca seguridad y se respete su dignidad”, señala el texto firmado por Ramón Castro Castro, obispo de Cuernavaca y presidente de la CEM, así como por Héctor M. Pérez Villarreal, obispo auxiliar de México y secretario general.
La postura de la Iglesia se suma al coro de voces que exigen una respuesta efectiva por parte del Estado. Las manifestaciones, en su mayoría pacíficas, buscan visibilizar una crisis de violencia que ha cobrado miles de vidas y dejado incontables víctimas. El comunicado destaca que la verdadera paz es una paz “desarmada y desarmante”, capaz de abrir caminos de encuentro, perdón y reconciliación, en referencia a las palabras del papa León XIV.
No obstante, el episcopado lamentó que algunos grupos hayan aprovechado las movilizaciones para agredir y provocar daños. En particular, el incendio de la puerta del templo en San Luis Potosí mereció una mención especial:
“Los templos son lugares de oración, de encuentro y de consuelo para miles de personas, especialmente para quienes buscan consuelo espiritual después de haber sufrido alguna injusticia”, afirma el documento. La violencia hacia estos espacios, considerados símbolos de esperanza y paz, es vista como un acto que se aleja del camino hacia la justicia.
El mensaje de la jerarquía católica busca tender puentes en medio de la polarización: “Que el dolor que padecen las mujeres no nos enfrente, sino que nos impulse a buscar caminos de justicia, de diálogo, encuentro y fraternidad”, se lee en el comunicado. La Iglesia se coloca así en una posición de mediación, sin dejar de lado su compromiso con las víctimas.


