Montevideo, Uruguay.- La violencia contra niños y adolescentes en Uruguay alcanza cifras que obligan a las instituciones a revisar sus protocolos. El Sistema Integral de Protección a la Infancia y a la Adolescencia contra la Violencia (SIPIAV) reportó 2 mil 536 nuevos casos en lo que va de 2026, lo que equivale a cerca de siete situaciones diarias.
Frente a esta realidad, la Conferencia Episcopal del Uruguay desarrolló el II Encuentro Nacional de Prevención de Abusos los días 16 y 17 de mayo. La convocatoria reunió a representantes de diócesis, congregaciones religiosas, movimientos laicales, seminarios, comisiones de la CEU, la Asociación de Universitarios Católicos del Uruguay (AUDEC), equipos de capacitación y dispositivos de escucha.
El evento partió de una pregunta central: qué hacer ante situaciones de abuso y cómo seguir construyendo, como Iglesia, una cultura de la prevención, la escucha y el cuidado. Los organizadores invitaron a especialistas en salud mental, derecho, educación y trabajo social. Cada uno planteó desafíos concretos para fortalecer la cultura del cuidado mediante la escucha activa, la capacitación y la corresponsabilidad comunitaria.
Siete abusos diarios; niñas, principales víctimas
La lectura de estudio del encuentro tomó como referencia el informe del SIPIAV. Los números mostraron la gravedad de la violencia en la población infantil y adolescente uruguaya. Gran parte de las agresiones no ocurren de manera aislada, sino de forma reiterada y sostenida. El maltrato emocional es la agresión más recurrente. Le siguen los casos de negligencia, abuso sexual y violencia física. El informe reveló que las niñas y adolescentes mujeres representan el 76 % de los casos vinculados a violencia sexual.
Ante esta problemática, los participantes coincidieron en la necesidad de contar con instituciones preparadas y comunidades capaces de actuar a tiempo frente a posibles casos de abuso. A lo largo de las exposiciones, los especialistas reiteraron una convicción central: “la primera respuesta de un adulto” puede convertirse en el comienzo de un camino de protección y recuperación para las víctimas.
Creer en la víctima y denunciar: exigencias innegociables
La doctora Magdalena García Trovero advirtió sobre las graves consecuencias del abuso sexual infantil. Destacó un punto que la Iglesia uruguaya asumió como línea de acción: la necesidad de creer en la palabra de niños y adolescentes. Por su parte, el abogado Marcelo Cervini insistió en la responsabilidad de denunciar e informar a las autoridades competentes frente a este tipo de situaciones. Ambos especialistas coincidieron en que la omisión o el silencio institucional profundizan el daño a las víctimas.
Estas intervenciones reflejaron un cambio de tono en el abordaje eclesial del problema. En lugar de discursos generales, el encuentro puso el foco en la responsabilidad concreta de cada adulto y de cada institución.
María José Pastorino, otra de las especialistas invitadas, insistió en habilitar conversaciones transparentes dentro de las instituciones. Su frase condensó el espíritu del encuentro: "Hay que hablar de lo difícil sin negar, sin encubrir, sin destruir y sin pasar rápido la página". La reflexión se abordó a partir de experiencias que priorizan el fortalecimiento de vínculos protectores y la formación afectivo-sexual.
Un caso mencionado fue el Programa CLAVES, promovido por Juventud para Cristo Uruguay. Pastorino llamó a fomentar “buenos tratos, vínculos seguros” y comunidades comprometidas con la protección de niños y adolescentes.
Retos pendientes
Las conclusiones del encuentro dejaron en evidencia la necesidad de continuar reforzando los dispositivos de escucha, revisar los protocolos y profundizar la capacitación de agentes pastorales y educadores. La Iglesia en Uruguay admitió que todavía quedan retos pendientes. No obstante, renovó su compromiso con una cultura del cuidado basada en la prevención y la protección de las personas más vulnerables.
El II Encuentro Nacional de Prevención no partió de cero. La Comisión Nacional de Prevención de Abusos de la Conferencia Episcopal del Uruguay trabaja desde años anteriores en la creación de protocolos y equipos de escucha.
Sin embargo, la magnitud de los datos del SIPIAV —2 mil 536 casos nuevos en 2026— impuso una urgencia que los participantes no ocultaron. La Iglesia uruguaya asumió que la credibilidad de su misión pasa, en parte, por la eficacia de su respuesta ante el abuso infantil. El encuentro dejó una frase como hoja de ruta: la primera respuesta de un adulto puede salvar o destruir.
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