Ciudad del Vaticano.- En un análisis profundo sobre los recientes acontecimientos bélicos desatados por Estados Unidos en Medio Oriente, el cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago, cuestionó la legitimidad de los ataques militares contra naciones soberanas cuando no existe una amenaza inmediata que neutralizar. Sus declaraciones se producen tras los bombardeos conjuntos del gobierno de Donald Trump y Benjamín Netanyahu contra Teherán y varias ciudades iraníes el pasado 28 de febrero, y la posterior represalia de Irán contra instalaciones civiles en el Golfo.
"Es muy discutible el motivo por el que lanzar ataques militares si no existe una amenaza inmediata", afirmó Cupich en entrevista con medios vaticanos. El purpurado recordó que, según información pública, las capacidades nucleares de Irán habían sido neutralizadas en bombardeos anteriores, lo que hace más cuestionable la justificación de la ofensiva.
Cupich advirtió sobre el peligro de normalizar la guerra como método de resolución de conflictos internacionales: "Una vez que se abre la puerta con los ataques, es muy difícil cerrarla y la situación puede descontrolarse muy rápidamente", expresó.
El arzobispo estableció un paralelismo histórico con el inicio de la Primera Guerra Mundial, que comenzó con el asesinato del archiduque Francisco Fernando y derivó en años de conflicto con millones de víctimas: "Por lo tanto, una vez abierta esa puerta, es muy difícil cerrarla", insistió.
Sus declaraciones se suman al llamamiento del papa León XIV durante el Ángelus del 1 de marzo, cuando instó a las partes implicadas a asumir "la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable".
El cardenal de Chicago defendió el principio de soberanía de las naciones como un pilar del orden internacional establecido tras la Segunda Guerra Mundial: "Cuando se viola el principio de la soberanía de una nación, entonces podemos encontrar cualquier excusa para seguir adelante y declarar la guerra", advirtió.
Cupich recordó que, junto a los cardenales Joseph Tobin y Robert McElroy, emitió una declaración previa en la que anticipaban que, de no cambiar el rumbo de la política exterior estadounidense, sobrevendrían consecuencias graves.
"Previmos que, de hecho, sucederían otras cosas si no cambiábamos de rumbo. Y esto está teniendo un impacto en la vida de las personas. Casi mil personas han muerto en esta última intervención con Irán", señaló.
En el ámbito interno de Estados Unidos, Cupich abordó el fenómeno de la polarización social y política que afecta también a la comunidad católica. El arzobispo considera que la tarea de los líderes eclesiásticos consiste en ofrecer a los fieles las herramientas para comprender lo que sucede desde la perspectiva del Evangelio.
"Lo que podemos hacer para ponernos al servicio de la gente es ayudarles a comprender lo que está sucediendo, proporcionarles el lenguaje con el que ver y enmarcar estos problemas, y comprender lo que está en juego cada vez que ignoramos los principios de vivir en este mundo por el bien común", explicó.
Cupich insistió en que el Papa contribuye a esta tarea al llamar a reconocer la verdad en una época de relativismo donde "la verdad se convierte ahora en una cuestión de opinión".
Otro de los temas centrales abordados por el cardenal fue la política migratoria del gobierno estadounidense. Cupich reafirmó el principio fundamental del respeto a la dignidad humana, violado cuando se realizan deportaciones masivas e indiscriminadas sin considerar las circunstancias particulares de cada persona.
"La dignidad humana debe respetarse no solo en el modo en el que las personas son capturadas sino también cuando se separan las familias, cuando no se respeta el hecho de que las personas que han estado en Estados Unidos durante muchos años sin documentos han contribuido de muchas maneras al sustento no solo de su familia, sino de la sociedad que las humilla con un lenguaje deshumanizante", denunció.
El arzobispo recordó que la Conferencia Episcopal Estadounidense expresó su oposición a las deportaciones masivas indiscriminadas, una postura que "llamó la atención del mundo" y ayudó a los fieles a comprender lo que estaba en juego.
Cupich abordó la aparente tensión entre el respeto a la ley y la protección de los derechos de las personas migrantes: "Siempre hemos afirmado que una nación tiene la obligación y el derecho de defenderse, de defender sus fronteras y de protegerlas. Esto nunca ha sido un problema para la Iglesia. Pero, al mismo tiempo, no se puede hacer a expensas de la dignidad de las personas", aclaró.
El cardenal insistió en que ambos principios pueden y deben armonizarse: "La defensa y el respeto son dos cosas que pueden ir de la mano. No son opuestas entre sí. Lo hemos hecho en el pasado", afirmó, al tiempo que llamó a los legisladores a realizar su trabajo y llevar a cabo una reforma migratoria significativa.
Finalmente, Cupich se refirió al significado que tiene para la arquidiócesis de Chicago que el papa León XIV haya nacido y crecido en esa ciudad. Destacó que la identidad del Pontífice ha sido moldeada por una cultura donde "la gente trabaja duro, ama a sus familias y aprecia el sabor internacional de la propia ciudad".
"Celebramos en el estadio de los Chicago White Sox, el 14 de junio. Miles de personas se presentaron, algunas no católicas, solo para expresar su orgullo por la elección del Santo Padre", recordó.
El arzobispo reveló un dato significativo: durante las ceremonias de elección de la semana pasada, se registró un aumento del 20% en la participación de jóvenes de entre 20 y 35 años que han solicitado el bautismo o la plena comunión con la Iglesia: "Algo se está moviendo en las personas. Es el Espíritu Santo, pero también creo que es la elección del Santo Padre", concluyó.
Cupich cerró la entrevista con una reflexión sobre el papel de los cristianos en tiempos turbulentos: "Puede que no sepamos o estemos confundidos sobre cuál es el camino a seguir, pero debemos recordar que Jesús dice: 'Yo soy el camino'. Y, por lo tanto, debemos prestar atención a lo que tiene que decir, no a las políticas partidistas, no a la diatriba de un programa concreto de un país, sino permanecer fieles a lo que nos dice el Evangelio", sentenció.

