París, Francia.- Durante su viaje apostólico en la capital francesa, el papa León XIV ha dedicado el sábado a los rostros de la exclusión y ael redescubrimiento de la fe: primero, acudió a la Casa Bakhita, donde conoció el trabajo de atención a migrantes; después fue al Instituto Católico de París, donde reconoció el proceso de acompañamiento a nuevos católicos; y finalmente, a la Plaza de la Concordia, donde celebró una Misa histórica con una cifra récord de asistencia para el país cuna de la secularización liberal.

'Nadie es tan pobre que no tenga nada que dar': León XIV
La jornada arrancó a las 8:40 horas con la visita a la Maison Bakhita, centro de acompañamiento e integración social de la Arquidiócesis de París gestionado por las Hermanas Scalabrinianas. El Papa llegó acompañado por el arzobispo Laurent Ulrich y fue recibido por la directora del centro, Valérie Moniod, y por la coordinadora del encuentro. En el interior, León XIV descubrió una placa conmemorativa y escuchó los testimonios de un refugiado afgano, de una asistida de la Asociación À Bras Ouverts y de otra de la Asociación Aux Captifs la Libération.
En su discurso, el pontífice vinculó el nombre del centro con la figura de santa Josefina Bakhita: "Su historia nos invita a reconocer el papel fundamental de las mujeres en la construcción de una civilización del amor, como alternativa a la cultura que desintegra a las comunidades y enferma de soledad a las ciudades", afirmó.
"La historia de la Iglesia y de la humanidad —dijo— no la escriben quienes dan la impresión de vencer al imponerse y ocupar el espacio, sino quienes hacen espacio, establecen procesos de paz, generan confianza y fomentan la vida".

León XIV recuperó una cita de su exhortación apostólica Dilexi te para definir la identidad cristiana: "La realidad es que los pobres para los cristianos no son una categoría sociológica, sino la misma carne de Cristo".
Y añadió una fórmula que resume el espíritu del centro: "Nadie es tan pobre que no tenga nada que dar; nadie es tan rico que no tenga nada que recibir".
"Sólo hay vida en abundancia allí donde los límites de cada uno se abren a la presencia misteriosa de los otros", dijo. El Papa concluyó su intervención con una referencia a las palabras de san Pablo a los corintios: "Los miembros que parecen más débiles son necesarios".
Una Iglesia en estado de iniciación
A las 9:45 horas, el Papa se trasladó al Instituto Católico de París para un encuentro con los miembros de la Asamblea Sinodal Provincial, catecúmenos y neófitos. El arzobispo Ulrich presentó al pontífice el Instrumentum Laboris fruto del camino sinodal de la provincia eclesiástica de París, y tres personas —Josué, Marielle y Sophie— compartieron sus testimonios de conversión y bautismo.
León XIV expresó su "profunda gratitud por la obra imprevisible de Dios" ante el número de adultos que solicitan los sacramentos de la iniciación cristiana en una sociedad "marcada por una cultura fuertemente secularizada".
"Este fenómeno, que contradice toda actitud derrotista y aquello que el papa Francisco llamaba el 'pesimismo estéril', debe ser acogido con espíritu de responsabilidad", afirmó.
El pontífice retomó una expresión del episcopado francés para definir la misión de la Iglesia: "Estar en estado de iniciación significa acoger a quienes comienzan a buscar a Dios descubriendo en ello una oportunidad y una misión". "La oportunidad consiste en que, gracias a ellos, la comunidad de los creyentes renueva también su propio camino de fe y descubre de nuevo la alegría del Evangelio. La misión consiste en cuidarlos y servirles de guía, incluso después de que hayan recibido los sacramentos".
Sin embargo, el Papa advirtió sobre el riesgo del "vacío posterior al bautismo" y pidió acompañar a los neófitos con "un ambiente familiar y una formación lo más integral posible", que abarque la formación bíblica, teológica, litúrgica y moral.
"La liturgia no puede considerarse una realidad posterior a la catequesis —acotó—. Manifiesta y actualiza el misterio de la Pascua de Cristo y, por ello, es el acontecimiento capaz de revelar el sentido de la Buena Nueva y de comunicar la vida misma de Dios". Citó a san Agustín como modelo de catecúmeno cuya fe, "apenas una pequeña semilla", se convirtió en "un árbol tan grande que, bajo su follaje, todavía hoy podemos encontrar consuelo".
'El que tenga sed, que venga a mí y beba': 700 mil en Champs Elysees
La estancia en París del Papa culminó a las 15:00 horas con la misa en la Plaza de la Concordia, punto central del viaje papal a la capital gala. Según el Vaticano, 700 mil personas asistieron a la celebración, aunque la organización llegó a elevar la cifra a 800 mil a lo largo del recorrido por los Campos Elíseos. El Papa recorrió la avenida a bordo del papamóvil desde el Arco de Triunfo, deteniéndose para bendecir a los niños que el público le acercaba.
En su homilía, León XIV partió de la invocación de Jesús en la fiesta de los Tabernáculos: "El que tenga sed, que venga a mí y beba". "Nuestra comunidad sedienta se abre paso hacia Cristo, fuente de agua viva; esa agua que sacia la sed y hace florecer la vida", afirmó.
"El deseo de Dios habita en lo más profundo de nuestro corazón", dijo, y advirtió: "Aquí en la tierra nada logra satisfacernos plenamente. Cuando creemos que por fin hemos terminado nuestro trabajo y que nuestros esfuerzos han sido recompensados, muy a menudo resurge el vacío interior".
El Papa Prevost interpeló directamente a los presentes: "¿Cuál es nuestra sed más profunda? ¿Qué buscamos realmente en la vida?". Y respondió con una promesa: "Jesucristo, el Buen Pastor, nos conduce hacia la fuente de la felicidad y la paz". "Para Él, ninguno de nosotros es un número en una identificación, ni un número de serie, sino una persona, una persona única e insustituible".
La homilía concluyó con una llamada a la misión: "No guarden esta fe en Jesucristo sólo para ustedes, más bien dejen que se desborde para saciar y colmar a las personas con las que se encuentran". "Al saciarnos de la fuente que es el Corazón de Cristo, nos convertimos nosotros mismos en pozos, manantiales y ríos para los demás".
Antes del inicio de la misa, un grupo de militantes de la asociación feminista católica Magdala desplegó una pancarta con la inscripción "Heureuses celles qui ont soif de justice" (Dichosas las que tienen sed de justicia) para reclamar la "plena acogida" de las mujeres en la Iglesia. La seguridad de la organización solicitó la retirada del cartel, que fue replegado.
Camino del Papa a Lourdes, santuario de sanación
Tras la misa, León XIV se trasladó al aeropuerto de París-Orly para volar a Lourdes, donde llegó a las 19:05 horas. Esa misma tarde, el Papa acudió a la Gruta de las Apariciones de Massabielle para un momento de oración ante la imagen de la Virgen.

En su oración, el pontífice pidió por Francia "el don de la concordia fraterna" y rogó a la Virgen que el país "construya una sociedad armoniosa, libre de toda violencia y de todo odio", y que sus gobernantes "hagan oír su voz en defensa de los derechos humanos fundamentales y de la paz en el mundo, rechazando para siempre las lógicas de la guerra".
La agenda del domingo 27 en Lourdes incluye un encuentro con los obispos de la Conferencia Episcopal de Francia, una misa en la Prairie del Santuario, un encuentro con los enfermos y acompañantes del Accueil Notre-Dame, un encuentro privado con religiosas de vida contemplativa y el rezo del Rosario con procesión aux flambeaux. El viaje concluirá el lunes 28 en Metz, con un encuentro interreligioso y un discurso sobre las raíces de Europa.
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