Culiacán, Sinaloa.- El obispo de la Diócesis de Culiacán, Jesús José Herrera Quiñónez, ofició una misa al aire libre en la avenida Álvaro Obregón, frente al templo de La Lomita, con la que inició una marcha por la paz este 13 de septiembre.
La movilización puso en perspectiva los dos años desde el inicio de la pugna armada entre las facciones de Los Chapitos y La Mayiza del Cártel de Sinaloa. Más de 30 mil personas vestidas de blanco participaron en el recorrido de dos kilómetros hasta la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Rosario.
En su homilía, el obispo dirigió un mensaje directo a los grupos criminales: "Deténganse. Miren lo que está ocurriendo. Miren a las familias heridas. Miren a los jóvenes. Miren a nuestra ciudad. Ningún poder, ningún dinero, ningún territorio y ninguna ambición valen más que una vida humana. Todavía es posible cambiar de camino. Todavía es posible elegir la vida", expresó Herrera Quiñónez.
"Los esfuerzos son muy débiles, muy pobres"
Previo al inicio de la marcha, el obispo cuestionó la respuesta de las autoridades frente a la violencia: "Llevamos ya dos años esperando, llevamos dos años luchando, llevamos dos años cuidándonos, pero vemos que los esfuerzos que se han hecho son muy débiles, muy pobres", afirmó.
"Yo no digo que no haya esfuerzos de las autoridades del gobierno federal, estatal y municipal, pero tiene que haber una respuesta más firme, más decidida", añadió.
Herrera Quiñónez informó que el sábado sostuvo una reunión con la gobernadora de Sinaloa, Graciela Domínguez, a quien le expresó dos condiciones para alcanzar la paz: "Queremos que se nos hable con la verdad y queremos que trabajen por la confianza, que nuestro pueblo vuelva a tener confianza no solamente en nuestras calles, sino también en nuestras instituciones".
Una marcha con participación ciudadana
La jornada comenzó a las 7:00 de la mañana con la Eucaristía al pie de La Lomita. El obispo pidió a las parroquias de la ciudad suspender las misas matutinas para favorecer la participación de los fieles: "Culiacán no se puede acostumbrar al dolor, ni a permitir que el miedo nos robe la esperanza", expresó.
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Al frente de la marcha caminaron dirigentes y diputados del PAN y PRI, entre ellos Paola Gárate, Mario Zamora y Pio Esquer, así como dirigentes empresariales como Martha Elena Reyes Zazueta, presidenta de COPARMEX en el estado, Miguel Taniyama y Erika Félix.
Reyes Zazueta señaló que la movilización proclama por la paz y la recuperación de los espacios públicos. "Los ciudadanos se ven lastimados por el clima de inseguridad y violencia que ha dejado más de 3 mil 100 asesinatos y más de 2 mil 890 desaparecidos", afirmó.
A lo largo del recorrido, los manifestantes portaron pancartas de rechazo a la violencia y playeras con mensajes de paz. Al inicio de la marcha, cientos de globos blancos fueron liberados. Grupos de activistas de búsqueda reclamaron a las autoridades por la desaparición de sus seres queridos. Frente a la catedral se realizó una manifestación en la que jóvenes rompieron piñatas con la efigie de la gobernadora Graciela Domínguez.
Un mensaje de perdón para un Culiacán confrontado
En su homilía, el obispo conminó a los presentes a "perdonar a sus semejantes, como lo hizo Jesús". "Iniciamos pidiendo perdón", fueron sus primeras palabras, en las que recordó los valores y pidió por la tranquilidad y que no haya rencores.
"La paz no se construye solamente desde las instituciones. Comienza en el corazón, se aprende en la familia, se cultiva en nuestras comunidades y se convierte en compromiso social. Cada uno de nosotros puede ser constructor de paz allí donde vive, trabaja, estudia y sirve", señaló Herrera Quiñónez.
"Queremos vivir en paz, queremos calles seguras, familias tranquilas, queremos que nuestros adolescentes, jóvenes y niños transiten por las calles con seguridad, queremos condiciones que garanticen nuestra seguridad", añadió.
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La Iglesia justifica su ausencia en actos previos
Cuestionado sobre la postura de la Diócesis en movilizaciones ciudadanas anteriores, el obispo justificó que la Iglesia actúa principalmente bajo invitación.
"Nosotros convocamos cuando nos invitan. Sé que hubo otras marchas, otras expresiones, pero fueron grupos, sectores muy particulares. No fue un llamado a todos. Cada vez que me han solicitado a mí, pues lo he hecho con mucho gusto", declaró.
Asimismo, argumentó que las movilizaciones interfieren con las obligaciones pastorales ordinarias: "Como pastores tenemos una tarea que realizar en medio de nuestra sociedad y convocar una marcha de este tipo no es fácil para nosotros".
El obispo reconoció que el impacto de la violencia cometida por el crimen organizado permea en todas las comunidades del estado donde la Iglesia tiene presencia.
"El mensaje que estamos tratando de enviar es que deseamos una ciudad y un estado que verdaderamente viva en la confianza. Todavía seguimos viviendo en la desconfianza y esa desconfianza se va polarizando y se va sectorizando", concluyó.
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