A partir del viernes 6 de noviembre, el papa León XIV dará inicio a un maratónico viaje apostólico de diez días que lo llevará a 15 localidades de tres naciones sudamericanas y, de manera singular, a Chiclayo, la diócesis costera del nororiente peruano, donde sirvió como obispo durante casi nueve años.
Hace doce años se anunció su nombramiento como administrador apostólico para la región de Lambayeque y Santa Cruz de Cajamarca; ahora, cientos de personas hacen fila para conseguir las entradas gratuitas para participar de los eventos que presidirá en estadios y plazas.
La primera etapa del viaje será Uruguay, el país más laico de América Latina —el 50 % se declara agnóstico y el 36 % católico, principal grupo religioso— y heredero de una larga historia de tensiones entre la Santa Sede y el Palacio Estévez. Además, es una de las naciones donde el descenso acelerado de fieles y vocaciones ha obligado a reunificar dos territorios diocesanos nacidos en los años sesenta, ahora bajo un solo obispo y una sola jurisdicción episcopal.
Uruguay nació como país confesional católico. Los conflictos con la Santa Sede comenzaron con la oposición popular a nombrar obispos españoles para la región, la república vivió una laicización administrativa casi al mismo tiempo que México (secularización de cementerios en 1862) y una reforma constitucional en 1917 que consolidó el Estado laico a pesar de los esfuerzos de Roma para que los legisladores católicos defendieran el artículo constitucional que nombraba al catolicismo como religión oficial. A finales de los años treinta y en medio de una crisis interna, gobierno e Iglesia acordaron evitar el ruido político silenciando el movimiento de mujeres católicas.
Recibirá al papa León XIV el mandatario Yamandú Orsi, quien declaró haber sido católico y hasta monaguillo en su infancia, pero que en la actualidad se considera agnóstico. Uno de los gestos más interesantes en este punto será la posibilidad de que los exmandatarios Sanguinetti, Lacalle Herrera y Lacalle Pou participen en el encuentro con autoridades civiles. Después, el pontífice se reunirá con la comunidad católica en la Catedral de Montevideo y posteriormente se internará en la diócesis de Salto, la más extensa de las nueve del país, para celebrar misa en Paysandú, frontera con Colón (Argentina).
Al día siguiente, tras celebrar misa en Ciudad Florida, en el Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres (patrona nacional llamada así por los líderes de la Cruzada Libertadora de 1825 y la independencia), volará a Buenos Aires para iniciar su gira en el país natal de Jorge Mario Bergoglio, patria a la que jamás volvió después de ser electo pontífice en 2013.
La Argentina de Javier Milei sigue tensionada tanto por los desafíos económicos como por la agresividad discursiva en el ámbito político; el llamado ‘anarcocapitalismo’ ha revelado una feroz agenda política de polarización. Por ello, en palabras de Esteban Bullrich, ex ministro de Educación: “Somos un país que parece haber perdido la capacidad de escucharse”. Así que la visita del sucesor de Bergoglio puede ser “una oportunidad para recuperar nuestra capacidad de encontrarnos… a recuperar una mirada diferente sobre quienes piensan distinto”.
León XIV se reunirá con el mandatario en la Casa Rosada y después saludará protocolarmente a las autoridades civiles y diplomáticas. Los momentos más relevantes, sin embargo, se esperan en el centro de atención para personas con discapacidad de Claypole —en el marco de un debate legislativo sobre las partidas presupuestales para pensiones por invalidez, originalmente recortadas por el gobierno mileísta— y en la cárcel de Devoto, donde solo quedan 75 de los 1.400 reclusos que había hasta hace un mes.
Según se ha informado, ambos actos se han blindado contra la manipulación política.
La visita a la diócesis de Córdoba –con el agudo cardenal Ángel Rossi que espera reunir a 1.2 millones de fieles– y el peregrinaje al Santuario de la Virgen de Luján (patrona de Argentina) cerrarán la gira, que quedará marcada por la memoria de Francisco y por la última visita pontificia, realizada por Juan Pablo II en 1987.
Finalmente, León XIV dedicará casi una semana a Perú, el país donde inició su servicio misionero y que le otorgó su segunda nacionalidad al incorporarse en el colegio episcopal nacional.
Visitará la capital Lima y después volará a su diócesis Chiclayo donde se esperan los momentos más emotivos con la gente con la que trabajó entre 2014 y 2023. El Papa recorrerá los rincones de la diócesis (Pimentel en la costa, Santa Cruz de Cajamarca, Zaña) antes de viajar a Cusco para encontrarse en Sacsayhuamán con pueblos originarios y después trasladarse a Pucallpa, la puerta amazónica del Perú.
Quizá el momento cumbre de su estancia en su vieja diócesis será la visita a Zaña para la clausura del Año Jubilar por los 300 años de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo, tercer arzobispo de Lima entre 1579 y 1606, obispo legendario que dió el sacramento de la Confirmación tanto a Santa Rosa de Lima (primera santa nacida en América) como a San Martín de Porres (primer santo mulato del continente) y que misionó incansablemente por el territorio peruano hasta morir precisamente en la localidad de Zaña.
El Papa se reencontrará con una nación que, paradójicamente, es similar a la que dejó. Como obispo diocesano, en menos de una década vio pasar a siete mandatarios en una de las crisis políticas más prolongadas de la historia peruana; ahora, a pesar de las recientes elecciones de este año, la tensión política parece no haber terminado. La actual mandataria Keiko Fujimori –hija del polémico Alberto Fujimori, presidente y dictador condenado e inhabilitado por crímenes de lesa humanidad, y restituido por operaciones políticas– cumple sus primeros 100 días al frente de la nación y no está dispuesta a permitir gestos fuera de tono; sin embargo, la bancada opositora insiste en que el Papa visite al expresidente golpista Pedro Castillo (quien se autodenomina “presidente secuestrado”) en la cárcel de Barbadillo.
Será, en síntesis, una visita para meter los pies en el barro: un viaje a tres naciones complejas, donde los gestos y las palabras del pontífice resonarán en distintos sectores con interpretaciones diversas, pero en las que el pontífice de origen estadounidense sembrará realismo, respeto y renovación de una fe social que aún no se ha perdido del todo.
*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

