Monterrey, Nuevo León.– La Arquidiócesis de Monterrey presentó el informe anual de CasaNicolás, el albergue para personas migrantes que ofrece hospedaje, alimentación, atención médica y apoyo psicológico a hombres y mujeres en tránsito. En el marco de la rendición de cuentas, el arzobispo Rogelio Cabrera López subrayó dos ideas: la permanencia del amor auténtico y la urgencia de rechazar la discriminación.
“El que ama, permanece”, afirmó el arzobispo y agradeció a colaboradores, voluntarios y benefactores que sostienen el proyecto: “Se requiere un amor que permanece independientemente de las circunstancias”, expresó al reconocer el esfuerzo constante de quienes acompañan a los migrantes en su paso por Monterrey.
Discriminación: 'contraria al Evangelio y a la razón'
El arzobispo alertó sobre el crecimiento de actitudes discriminatorias hacia las personas migrantes. Calificó este fenómeno como contrario tanto a la razón como al Evangelio. Señaló que la Iglesia tiene la responsabilidad de promover una cultura de respeto y fraternidad.
“Todo ser humano tiene dignidad”, recordó. Definió este principio como una “verdad matriz” que nunca puede ser desplazada por prejuicios o contextos sociales adversos.
La declaración de Cabrera López ocurre en un momento de endurecimiento de las políticas migratorias en la región. El regreso de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos generó temor e incertidumbre entre la población migrante ante la amenaza de deportaciones masivas. En los primeros meses de 2026, Monterrey acumuló más de dos mil detenciones de migrantes, lo que evidencia la presión sobre los sistemas de atención y la necesidad de albergues como CasaNicolás.
Durante su reflexión, el arzobispo retomó una pregunta que la Iglesia universal se plantea actualmente: ¿A dónde va la humanidad? La formulación en latín —Quo vadis, humanitas?— alude a un contexto marcado por la confusión social, la polarización y la llamada “posverdad”. Frente a ello, Cabrera López propuso como guía los tres pilares de la Doctrina Social de la Iglesia: la verdad, la justicia y la libertad.
Invitó a fortalecer el diálogo y la contextualización de los fenómenos sociales. “Monterrey no es una isla”, afirmó. Señaló que la movilidad humana forma parte de un entramado internacional que exige sensibilidad y responsabilidad compartida.
Dignitas en los signos concretos
El arzobispo recordó que la dignidad humana debe prevalecer incluso en situaciones difíciles, como las cárceles, los hospitales o los contextos migratorios. Citó el documento Dignitas Infinita, publicado por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe el 8 de abril de 2024. El texto reafirma el valor inviolable de cada persona y señala entre las violaciones de la dignidad humana el drama de los emigrantes y la trata de personas.
Al referirse a la misión de CasaNicolás, destacó que sus acciones pueden parecer pequeñas frente a los grandes desafíos sociales. Sin embargo, mantienen viva la esperanza y se convierten en signos concretos del Evangelio. “Siempre habrá un David frente a un Goliat, pero se requiere tener la fuerza de Dios”, expresó.
Finalmente, Rogelio Cabrera López recordó que todos, de una u otra manera, son migrantes. Describió a Monterrey como “un reencuentro de extraños que nos convertimos en amigos y hermanos”.
El llamado del arzobispo se enfocó en seguir construyendo una sociedad donde nadie sea excluido y donde prevalezcan la misericordia y la esperanza. El informe anual de CasaNicolás no fue solo un balance de cifras. Fue, en sus palabras, una afirmación de que el amor perdura. Y una advertencia: la discriminación no tiene cabida en una ciudad que se sabe parte de un mundo en movimiento.

