Roma, Italia.- El sábado 22 de agosto el papa León XIV realizó una visita pastoral al país de San Marino y a la ciudad costera italiana de Rímini con los acentos de libertad, paz, consuelo y acompañamiento. El viaje apostólico que incluyó al enclave de la república sanmariniana (el Estado soberano más antiguo del mundo y una de las seis mico-naciones europeas) y la ancestral ciudad de la rebera romañola frente al mar Adriático donde el pontífice ofreció encuentros con enfermos, jóvenes y más de 60 mil fieles.
El Papa aterrizó en San Marino y pidió "pioneros valientes" para cambiar el mundo; a lo largo de los tres escenarios que integraron su visita, el pontífice insistió en colocar a la persona en el centro de todos los esfuerzos sociales, políticos y eclesiales.
A lo largo de las catorce horas que duró la visita, León XIV asistió a tres espacios simbólicos: el corazón de la República de San Marino, el Encuentro por la Amistad entre los Pueblos en la ciudad de Rímini y el encuentro con enfermos, discapacitados y pobres en la Catedral de Rímini. Además la agenda prevista, el Papa Prevost añadió gestos no previstos por el protocolo vaticano, como el saludo al saxofonista Lou Marini, de la Blues Brothers Band, en el recinto ferial de la ciudad portuaria.

La visita también tuvo una dimensión histórica por dos razones: León XIV se convirtió en el tercer Papa en visitar San Marino, después de Juan Pablo II (1982) y Benedicto XVI (2011), y la fecha coincidió con el centenario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la Serenísima República, formalizadas en abril de 1926.
NOTAS DEL Viaje Apostólico de León XIV a España
San Marino: la libertad como servicio y la política como laboratorio
La primera etapa comenzó a las 9:00 horas con el aterrizaje en el aeródromo de Torraccia y el traslado a Piazza della Libertà. Allí, los Capitanes Regentes —máximas autoridades del país— recibieron al Papa con honores militares. Tras la firma del Libro de Invitados Ilustres en el Salón del Consejo de los Doce, León XIV se dirigió al Salón del Gran y General Concilio para su discurso institucional.
En su intervención, el Papa partió del lema Libertas que preside la tradición sammarinese. Advirtió que la libertad civil no existe sin libertad personal, y esta última se fundamenta en el respeto a la dignidad humana y a la conciencia. Citó a santo Tomás Moro como ejemplo de coherencia y recordó a quienes, en la actualidad, pagan con su persona por no traicionar su conciencia.
León XIV describió a San Marino como un "laboratorio de buena política", donde la pequeña escala del Estado permite una democracia más efectiva y una proximidad real entre las instituciones y los ciudadanos.
Subrayó que el inminente Acuerdo de Asociación con la Unión Europea representa una oportunidad para que la República aporte su experiencia en el cuidado de la persona y el bien común. Tras el discurso, el Papa se asomó al balcón central del Palazzo Pubblico para saludar a los fieles congregados en la plaza.
Basílica de San Marino: el Evangelio frente a un mundo herido
A las 11:45 horas, León XIV entró en la Basílica de San Marino, donde fue recibido por el obispo Domenico Beneventi y el rector Marco Mazzanti. Ante sacerdotes, religiosos y representantes de la comunidad eclesial, el Papa centró su mensaje en la comunión como respuesta a un mundo marcado por conflictos, violencias y miedos.
Dirigiéndose a los jóvenes, retomó las palabras de Benedicto XVI en su visita de 2011: "Su corazón es una ventana abierta al infinito". Les pidió que mantengan esa ventana abierta y que abracen su misión en el mundo sin temor a las opciones exigentes —matrimonio, consagración, ministerio ordenado o compromiso social—. También agradeció a sacerdotes, catequistas y educadores por su trabajo, a menudo invisible, en la formación de las nuevas generaciones.
El Papa destacó la valencia profética de las pequeñas comunidades de las zonas internas del territorio, que enfrentan el despoblamiento y la falta de servicios manteniendo vivo el sentido de familia y comunión. Consideró estas experiencias como "llamas" capaces de reavivar valores sólidos frente al individualismo y el consumismo.
Pennabilli: la pausa en el monasterio
Entre la mañana en San Marino y la tarde en Rímini, el Papa realizó una visita de carácter privado al Monasterio de San Antonio de Padua de las monjas agustinas en Pennabilli. Este segmento, no incluido en el programa público, subrayó la dimensión contemplativa de la jornada y la conexión del Pontífice —él mismo agustino— con la tradición monástica.

Rímini: el Encuentro por la Amistad entre los Pueblos
El helicóptero papal aterrizó a las 14:53 en el helipuerto del Centro de Exposiciones de Rímini Fiera. León XIV fue recibido por el obispo Nicolò Anselmi, el presidente de la región Emilia-Romaña, Michele de Pascale, el prefecto Giuseppina Cassone y el alcalde Jamil Sadegholvaad. Los presidentes del Meeting, Bernhard Scholz, y de Comunión y Liberación, Davide Prosperi, completaron la comitiva de bienvenida.
El Papa recorrió las exposiciones dedicadas a san Agustín y a Léon Harmel, fundador de obras benéficas. En la muestra agustiniana, saludó al padre Joseph Farrell, prior general de la Orden de San Agustín, y al cardenal Jean-Paul Vesco, arzobispo de Argel.
El momento más inesperado ocurrió ante el estudio de medios vaticanos: León XIV se detuvo a saludar a Lou Marini, saxofonista de la Blues Brothers Band, quien le regaló unas gafas de sol como las de los protagonistas de la película.

En el Villaggio Ragazzi, el Papa se dirigió a los jóvenes con un mensaje breve: recordó las palabras de Juan Pablo II sobre la comunión y afirmó que "si hay comunión en el mundo, comienza con vosotros, jóvenes". Más tarde, en el Grande Auditorium, ante unos 5 mil participantes, pronunció el discurso central de la tarde.
'El amor que mueve el sol y las demás estrellas'
León XIV tomó como hilo conductor el último verso de la Divina Comedia de Dante —"el amor que mueve el sol y las demás estrellas"—, que era también el lema de la 47ª edición del Encuentro. Afirmó que la paz la custodian y la difunden personas que no temen el diálogo, y recordó la encíclica Fratelli tutti de Francisco como guía para cultivar la amistad social.
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El Papa denunció el "falso realismo" que rearma las mentes, las palabras y las naciones, y contrapuso el "realismo de la misericordia", según el cual no pueden existir enemigos.
Lanzó una exhortación directa: "Liberemos la convivencia de la desconfianza, la cultura de la prepotencia, la educación de la ideología, el trabajo de la idolatría del lucro". Pidió "pioneros valientes" que, empezando por su propio cambio de rumbo, hagan creíble la conversión exigida a todos.

Dirigiéndose a los jóvenes, les dijo: "Son la prueba de que el futuro es una promesa, no una amenaza". Les pidió que no permitan que nadie menosprecie la palabra "amor", que es el nombre mismo de Dios, y que salgan al encuentro de todos, especialmente de los más pobres. También invitó a renovar las realidades asociativas y movimientos eclesiales desde la perspectiva sinodal, aprendiendo a escucharse unos a otros.
Catedral de Rímini: 'Esta es su casa'
A las 17:30 horas, el Papa llegó a la Catedral de Rímini para encontrarse con enfermos, personas con discapacidad y pobres atendidos por Cáritas. Su saludo fue directo:
"Esta es la catedral de Rímini, y aquí ustedes están en casa, esta es su casa". Recordó que Jesús, cuando encontraba a personas enfermas o pobres, las acogía y las ponía en el centro, y que aquellas personas, una vez sanadas, solían seguirlo y entrar a formar parte de la comunidad de discípulos. Les animó a participar activamente en la vida de la Iglesia, en las parroquias, asociaciones y lugares de acogida.
La celebración eucarística, presidida en el puerto de Rímini a las 18:30 horas, cerró la visita. En su homilía, León XIV tomó como base el pasaje de Mateo 16, 13-20, donde Pedro confiesa a Jesús como el Cristo. Subrayó que, en la Iglesia, "a todos los niveles, la autoridad es servicio". Recordó el testimonio del siervo de Dios don Oreste Benzi, figura clave de la iglesia de Rímini, quien definió la vocación como "dejarse conformar a Cristo pobre, a Cristo siervo".
El Papa elogió la franqueza, el carácter jovial y la solidaridad de la gente de Romaña, y citó a Juan Pablo II para definir el descanso no como evasión, sino como "encuentro con uno mismo y reconciliación con el propio interior".
Advirtió que el mundo ofrece muchas formas de ocio que llevan a la dispersión y dejan vacío el corazón, y llamó a la comunidad cristiana a cultivar la experiencia del recogimiento y la acogida, tanto para quienes buscan descanso como para quienes huyen de la guerra o la pobreza.
La visita congregó a un amplio elenco de autoridades civiles y eclesiásticas. En San Marino, los Capitanes Regentes Matteo Rossi y Lorenzo Bugli —quienes habían formalizado la invitación en audiencia del 12 de enero de 2026— encabezaron la recepción. El obispo Domenico Beneventi y el rector Marco Mazzanti guidaron el momento en la basílica.

En Rímini, el obispo Nicolò Anselmi, el presidente de la región Michele de Pascale, el prefecto Giuseppina Cassone y el alcalde Jamil Sadegholvaad representaron a las instituciones civiles. Por parte del Meeting, intervinieron Bernhard Scholz (presidente), Davide Prosperi (presidente de Comunión y Liberación), Emmanuele Forlani (vicepresidente) y Francesco Perazzini (director). En el ámbito religioso, destacaron el padre Joseph Farrell, prior general de los agustinos, y el cardenal Jean-Paul Vesco, arzobispo de Argel.
La visita dejó un mensaje transversal: la necesidad de poner a la persona en el centro, frente a la lógica del poder y la guerra. La Secretaría de Estado de San Marino calificó la jornada como "una visita que ha ido más allá de las mejores expectativas". La embajadora María Alessandra Albertini destacó el "discurso de altísimo nivel" en el Palazzo Pubblico y el llamamiento del Papa a la unidad y a la solidez de las raíces sammarineses.
León XIV, con esta visita, no solo selló el centenario de relaciones diplomáticas, sino que ofreció a San Marino y Rímini un horizonte de acción: el de una política que sirve, una comunidad que acoge y una fe que se traduce en amistad social. El eco de sus palabras —"el amor que mueve el sol y las demás estrellas", "la autoridad es servicio", "estáis en casa"— resuena como un recordatorio de que, incluso en tiempos de fragmentación, la esperanza tiene un nombre y un rostro.

