Oslo, Noruega.- La escritora Sigrid Undset, Premio Nobel de Literatura 1928 y conversa al catolicismo a los 42 años, es recordada por su oposición al nazismo, su atención a los pobres y el cuidado de su hija con discapacidad. El obispo de Oslo la presentó como “un modelo de fe cristiana”.
El pasado 8 de julio, cientos de personas se reunieron en la isla de Selja, en la costa oeste de Noruega, para la misa en memoria de Santa Sunniva, considerada la cuna del cristianismo en el país. Durante la celebración, el obispo de Oslo, Fredrik Hansen, anunció el inicio del proceso de canonización de Sigrid Undset, nacida en 1882 y galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 1928.
La fase diocesana de la causa se abrirá formalmente en el otoño de 2026. Una vez iniciada, Undset recibirá el título de “Sierva de Dios”, la primera etapa del proceso de canonización. Si los investigadores concluyen que vivió las virtudes cristianas de manera ejemplar, podrá ser declarada Venerable. Para la beatificación se requiere un milagro atribuido a su intercesión.
Modelo de fe cristiana
Hansen enmarcó la decisión en la enseñanza de la Iglesia de que la santidad es la vocación de todo cristiano: “Para nosotros, ella es mucho más que una escritora y ganadora del Premio Nobel. Es un modelo de fe cristiana, de una vida vivida en la virtud y en la búsqueda de la santidad”, afirmó el obispo durante la homilía.
El obispo destacó varios aspectos de su testimonio: la defensa de la fe católica, la oposición al nazismo, su trabajo por la libertad de Noruega durante la guerra y su “constante y práctica preocupación por los pobres”. También subrayó el cuidado que brindó a su hija con discapacidad, al que describió como parte de su “compromiso con la vida y con la santidad de la vida”. “A través de sus numerosos libros formó a innumerables creyentes, los inspiró a vivir en Cristo y dio testimonio de nuestros santos medievales”, añadió Hansen.
Una vida de escándalos, conversión y heroísmo
La biografía de Undset dista de la imagen convencional de una santa. Nacida en Dinamarca en 1882 y criada en Noruega por padres agnósticos, comenzó a trabajar como secretaria a los 16 años tras la muerte de su padre. Su primera novela, Fru Marta Oulie, causó escándalo con su frase inicial: “He sido infiel a mi marido”.
Su vida personal también fue turbulenta. Se casó con el pintor Anders Castus Svarstad, quien tenía un matrimonio previo. Tras siete años de matrimonio, se divorció. Tuvo tres hijos, uno de ellos con discapacidad, y también cuidó de los hijos del matrimonio anterior de su esposo. Fumaba, bebía y tenía un carácter fuerte.
En 1924, a los 42 años, se convirtió al catolicismo. Cuatro años después, en 1928, recibió el Premio Nobel. Ese mismo año ingresó a la Orden Seglar Dominicana. Durante la Segunda Guerra Mundial, se opuso al nazismo y huyó a Estados Unidos. El régimen nazi prohibió y quemó sus libros. Regresó a Noruega tras la guerra y falleció en 1949.
Una santidad hecha de imperfecciones
Los defensores de la causa señalan que su vida refleja una convicción central del cristianismo: la santidad no es la ausencia de debilidades o errores, sino la obra de la gracia de Dios en una vida que se transforma con el tiempo: “Ella no llevó una vida de perfección moral desde el inicio. Más bien recorrió un camino de conversión gradual, arrepentimiento y un creciente compromiso con el catolicismo”.
La escritora dejó una frase que resume su pensamiento sobre la paciencia: “La paciencia es la virtud más calumniada, porque quizá es la más difícil de poner en práctica”. Esa paciencia la acompañó en medio de las dificultades, el señalamiento social, las guerras y el acoso político.
Un impulso para la Iglesia en Noruega
La causa es significativa para la pequeña comunidad católica de Noruega, que ha crecido en las últimas décadas y busca fortalecer sus raíces en la historia cristiana del país. Hansen explicó que examinó la vida de Undset y constató claros signos de veneración y devoción. Luego sometió el caso a la Conferencia Episcopal Nórdica y a expertos en su vida.
La elección de la isla de Selja para el anuncio tuvo un simbolismo especial: exactamente un siglo antes, Undset había visitado la isla, atraída por la herencia cristiana medieval que más tarde influiría en su obra y en su camino espiritual. “Al igual que Santa Sunniva y sus compañeros, también Sigrid Undset debe ser para nosotros un modelo de vida en Cristo”, concluyó Hansen.

