Ciudad de México.- En los cuatro años desde su llegada como representante diplomático de la Santa Sede para México, el nuncio apostólico Joseph Spiteri prácticamente ha recorrido todo el territorio nacional y conocido de cerca tanto los desafíos como las esperanzas del pueblo mexicano. En entrevista para VCNoticias el diplomático reflexiona sobre el diálogo necesario y urgente entre el gobierno y las Iglesias, sobre el perfil de los obispos que el pueblo requiere y sobre las emergencias pastorales que exigen mayor compromiso y audacia.
La entrevista coincidió con la divulgación de la fotografía del papa León XIV celebrando misa dos días después de la cirugía que le fue practicada para extirpar la presencia de adenocarcinoma pulmonar; Spiteri compartió un agradecimiento al pueblo mexicano por sus oraciones y los buenos deseos de recuperación del pontífice:
“Para nosotros ha sido muy bello y emotivo que, aquí en México, todo el mundo inmediatamente declaró estar rezando por el Santo Padre. Desde la presidenta de la República, que le envió un mensaje; pero también la Conferencia Episcopal, los obispos, todos estamos rezando por el Santo Padre. Esto para nosotros como católicos nos confirma en la comunión de la Iglesia”.
Apuntó que ese tipo de signos solidarios y fraternos evidencian la gentileza del pueblo mexicano pero también “el camino eclesial del pueblo de Dios en México”. Reconoció que hay “muchísimas iniciativas buenas” que demuestran lo mucho que “se camina en comunión”.
“Se ve que hay un camino bastante bueno, aunque siempre se puede mejorar, pero hay muchísimas Iniciativas buenas… se camina en comunión. Desde mi punto de vista, en mis encuentros en las diócesis, veo siempre esta comunión y este deseo de caminar como familia de Dios, como pueblo de Dios”, compartió.
Violencia y construcción de paz
Después de recientes visitas pastorales por Sinaloa y Jalisco, el nuncio explicó que a lo largo de sus visitas y viajes a los distintos estados de la República –más de 40 localidades en los últimos dos años– ha constatado no sólo los desafíos de seguridad que tiene el país, sino una “gran conciencia” de parte de las iglesias locales, de estar bien involucradas, tanto en la formación de los bautizados como en la participación social de la Iglesia ante desafíos concretos: en la promoción de procesos de paz y reconstrucción del tejido social; en el acompañamiento a víctimas de violencia y familias buscadoras; en la defensa de la dignidad humana en todas sus circunstancias; en el clamor por la justicia social; y en la asistencia humanitaria.
“Hay muchos grupos muy activos de jóvenes que existen aquí en México que quieren encontrarse no solamente para rezar… también para tener una formación más profunda en la fe. Y esto nos lleva al aspecto social, porque la fe, como nos han dicho todos los papas desde el Concilio Vaticano II o como nos lo ha explicado muy claramente también nuestro santo padre, el papa León en Magnifica Humanitas, la fe se vive en lo social y se expresa con gestos de caridad real, que es la caridad social”.
Por ello, dijo que hay que reconocer el trabajo silencioso de los católicos a favor de la paz en el país: “Hay conciencia también frente a la violencia, frente a situaciones tristes. Creo que el pueblo de Dios está buscando reaccionar, no solamente quedarse pasivo”.
Spiteri aseguró que la conciencia de la Iglesia mexicana respecto a su participación en la construcción de paz se manifiesta de muchas formas, especialmente en la ayuda social a los más necesitados y en el involucramiento con iniciativas como los diálogos por la paz, que están casi en todas las diócesis y que van tomando más fuerza.
“Ciertamente la mayor parte del pueblo mexicano y también el pueblo de Dios vive en situaciones bastante buenas y hay un desarrollo, aunque a veces un poco lento, pero que se puede notar en todas partes. Hay que ayudar también a este desarrollo humano sostenible”, declaró.
En una analogía sobre las heridas sociales y la obra social comprometida en el país, el nuncio dijo que “el árbol que cae hace más ruido que toda una foresta que está creciendo”; por ello, exhortó a escuchar el clamor de tanta gente que sufre sin enfrascarse en nombrar lo negativo y sin ponderar las condiciones favorables: “Hace falta un poquito más de iniciativa a veces… Hay mucho que se está haciendo: por ejemplo, la acogida a las familias de las víctimas, también a las madres buscadoras, la formación de los jóvenes en valores y, algo que para nosotros es fundamental, la oración”.
“La oración –explicó– es importante no solamente porque reconocemos que la paz es un don de Dios y que después exige una responsabilidad de parte de nosotros; sino porque, al estar rezando no solamente personalmente sino todos juntos como pueblo de Dios, esto nos ayuda y nos anima a cambiar actitudes: a desarmar el corazón, a buscar esta paz desarmada, desarmante. Es decir, de tener un corazón limpio, un corazón siempre más grande, capaz de comunicar el amor de Dios, la caridad de los valores a favor de la vida, el hecho que nosotros somos una Iglesia y un pueblo que cree en la vida, no en la muerte… Entonces, esta fe se traduce en acciones positivas, en acciones buenas”.
Abusos: avances y áreas de oportunidad
Interrogado también sobre su perspectiva entorno a los avances de la Iglesia mexicana frente a los casos de abuso y encubrimiento en las instancias católicas, Spiteri aseguró que la Iglesia cuenta ahora con normas más claras y con estructuras fundamentales en la mayoría de las diócesis para prevenir los abusos y para intervenir y acompañar a las víctimas: "Ciertamente hay que insistir con las diócesis que, no por resistencia sino por razones prácticas o de falta de personal, todavía no han organizado bien las comisiones de tutela o no saben cómo atender los casos de abuso".
"Hay que ir un poco más rápido en el camino para poder atender a todos estos problemas y acusaciones. Es un proceso largo y en cierto sentido difícil, porque implica siempre problemas personales y heridas muy difíciles de sanar. Pero ya sabemos en este momento lo que está claro: las estructuras están bastante claras, sabemos lo que tenemos que hacer, necesitamos a veces un poco más de impulso para hacerlo".
Sobre investigaciones de posible encubrimiento en que los obispos mexicanos participen, desde la ignorancia, la negligencia o el cálculo, el nuncio Spiteri asegura que no hay casos concretos: "Pienso que hemos hecho pasos muy positivos con los obispos, especialmente con las provincias eclesiásticas, porque las normas y las estructuras son mucho más claras. Aparte los tribunales eclesiásticos, hay las comisiones diocesanas que deben vigilar, controlar que todas las instituciones de cada diócesis, de cada iglesia, parroquias escuelas de inspiración católica o escuelas de congregaciones religiosas, que tengan las normas, que tengan todo ya bien elaborado y no solamente esto, pero que estén vigilando sobre la cuestión. Pienso que ya estamos en otra fase más elaborada, más concreta con las comisiones de tutela de menores y de personas con cierta fragilidad en la mayoría de las dioceses. Obviamente, si la nunciatura se da cuenta que una diócesis está un poco más lenta, entonces puede intervenir y puede insistir que hagan lo que es necesario, lo que deben".
"He visto, por ejemplo, en mis viajes, que ya las oficinas de la curia ya tienen vidrios; ya no se piensa de recibir personas en cuartos encerrados. Ya hay la conciencia, sobre todo cuando se trata de estar con niños y jóvenes, de no estar solos, de estar siempre acompañados, de tomar las medidas precaucionales, normales y necesarias. Entonces, es un proceso de educación, de formación pero repito, más proactivo. Obviamente, siempre con la atención de que si hay una acusación, hay que investigarla cuanto antes".
Identidad, integración y cooperación
Frente a desafíos sociales complejos como la migración y la exclusión, el Nuncio confirmó que “México, son varios Méxicos” pero que la diversidad es reconocida y atendida por la Iglesia católica y que, por lo menos, todas las realidades tienen “una palabra segura que pueden decir y que pueden expresar”.
“Hay una atención particular a estos hermanos y hermanas nuestras. En algunos lugares incluso en el catecismo en lenguas maternas y buscando siempre una mejor integración en las parroquias y en las diócesis locales”.
Con los migrantes sucede igual, Spiteri confirmó que la Iglesia mexicana participa en esa integración, especialmente con estructuras que se han establecido para atender el fenómeno migratorio: albergues, comedores, albergues, asistencia médica y asistencia legal. El Nuncio destacó el servicio de la Iglesia para ayudar a verificar y regularizar la situación de los migrantes en contacto con autoridades locales y federales: “Este es un aspecto que no se ve mucho, pero que sucede; y es un punto sobre el cual podemos trabajar mucho entre Iglesia y las autoridades políticas”, planteó.
Frente a posiciones políticas e ideológicas de exclusión y discriminación contra los inmigrantes, el Nunció recordó que “la Iglesia insiste en tratar a cada persona como hijo e hija de Dios, como hermanos nuestros. Es un desafío que tenemos todos para superar estos miedos para entrar siempre en diálogo”.
“Además, el papa Francisco nos recordaba que él era hijo de migrantes; el papa León nos recuerda que él es hijo de migrantes. Es una situación siempre más fuerte en el mundo de hoy y no podemos dejarnos manipular por el miedo, sino ver la realidad desde los valores del Evangelio y que abre muchas posibilidades a favor del desarrollo humano y social que todos deseamos”.
Obispos en México: ‘Conscientes de ser hijos del pueblo’
Desde su llegada a la nunciatura apostólica en México, Spiteri ha participado en 17 consagraciones episcopales de sacerdotes nacionales y testificado un buen número de tomas de posesión diocesanas. El escenario de renovación epicopal se vislumbra intenso en los siguientes meses porque un tercio de la jerarquía católica del país cumplió o está por cumplir 75 años, la edad límite fijada en el derecho canónico para presentar la renuncia obligatoria, lo que implica un proceso vibrante de traslados, promociones y consagraciones episcopales.
“Es cierto, se está dando un cambio por la edad… Hay un cambio generacional; obviamente, se necesitan obispos. Ahora bien, tenemos dos cuestiones: De parte de la Santa Sede, con el papa Francisco se insistió mucho en renovar ciertos procesos para escoger los candidatos para el episcopado y el papa León sigue en la misma línea. Por una parte, tenemos más claridad sobre ciertas cuestiones; y también la necesidad de consultar a más personas, involucrar a más personas en el proceso”.
El Nuncio aclaró que desde que el obispo llega a los 75 años y presenta la renuncia al Papa “ya se empieza a hacer todo un proceso de consultas entre obispos, sacerdotes, vida consagrada y laicos sobre el perfil del nuevo obispo para su diócesis, porque cada situación es distinta. Y de ahí se procede a escoger algunos candidatos sobre los cuales también se va examinando sus sensibilidades”.
El escrutinio implica una revisión sobre sus actividades, el ejercicio del ministerio, cómo trata a la gente, sus actitudes, etcétera: “Y siempre se presentan por lo menos tres candidatos para cada diócesis, después en Roma siguen los estudios sobre todo lo que se ha hecho por parte de la Nunciatura recogiendo las opiniones… se presentan los tres candidatos en un cierto orden; pero también el Santo Padre puede escoger a veces el segundo o el tercero [en la lista] según lo que él va considerando personalmente”.
En todo caso, consideró que es necesario ampliar el diálogo con la sociedad y el clero a ras de suelo: “Sobre todo para conocer las necesidades de las Iglesias locales, la situación política, social, económica de la región; y la condición religiosa en modo particular: cuántas parroquias tiene la diócesis, cuánto clero, cómo va el seminario, si están trabajando para las vocaciones, si tienen vocaciones; los desafíos pastorales, los jóvenes, los ancianos, los migrantes…”, para encontrar los candidatos más aptos para ejercer el ministerio episcopal.
“Podemos decir que la mayor parte [de los obispos mexicanos] son bien conscientes de que son hijos del del pueblo; que vienen de experiencias pastorales muchas veces directas en en las parroquias o en el seminario…”
Ponderó además el interés del episcopado de mantenerse en formación: “Necesitan tener una cierta preparación cultural y académica para poder dialogar sobre los temas difíciles”. Ejemplificó con temas en el debate social como el impacto de las inteligencias artificiales o la complejidad de las dinámicas socioeconómicas, en las que se requiere profundizar para poder asistir correctamente al pueblo: “He visto mucha cercanía de los pastores al pueblo de Dios, también al presbiterio… Ciertamente cada uno tiene su carácter y, para hacer el trabajo episcopal, evidentemente también se necesita establecer un diálogo respetuoso, amable, pero también firme desde el ser de la Iglesia, de los obispos con las autoridades civiles: con los presidentes municipales, con los gobernadores y por supuesto el gobierno federal”.
Ni rivalidad ni política partidista: diálogo y colaboración institucional
Precisamente, en este último rubro, el nuncio apostólico urge a sostener el diálogo con las autoridades mexicanas: “Pienso que debemos empezar por aceptar que estamos trabajando a favor de la misma causa; a favor del ser humano, a favor de las personas… estamos ahí para ayudar a las mismas personas”.
“No es una rivalidad, no debemos vernos como rivales. Ni los obispos o los párrocos frente a las autoridades civiles; y tampoco, obviamente, las autoridades civiles, deben ver a la Iglesia como un rival. Nosotros no queremos entrar en política partidista, queremos simplemente mejorar la situación de cada persona humana que se encuentra en nuestra jurisdicción eclesiástica”.
El diálogo entre la Iglesia y el gobierno, para Spiteri, debe enfocarse en una promoción humana integral y extendida para todos los sectores sociales, no sólo de los creyentes católicos ni exclusivamente de las necesidades de la feligresía, sino de todo el pueblo: “Veo que en muchas partes ya existe esta colaboración con mucho respeto de las diversidades, del rol civil o eclesial que uno tenga, pero existe un respeto. En la mayoría de los casos existe este respeto y este deseo de colaborar por el bien del pueblo, de todas las personas y no solamente para organizar la fiesta patronal, sino también para cuestiones mucho más importantes”.
Finalmente, apuntó: “Necesitamos también, como Iglesia, respetar también las particularidades [de la esfera pública] y hay cosas que se pueden tratar con las autoridades federales, pero que no sobrepasen” las funciones pastorales.
Por ello, insistió en la necesidad de que los obispos reciban apoyo de un laicado bien formado que pueda apoyar a las instancias de las iglesias diocesanas: “No podemos ir solos, necesitamos el apoyo de todos: Del rol de los laicos en el diálogo público, en el debate público, para crear esta conciencia positiva, no para ponernos uno en contra del otro, sino para buscar verdaderamente el bien de todos”.
“No es una tarea que pertenece solo a los obispos o a los párrocos, es una tarea de todos; todos estamos llamados a trabajar a favor de esto. Y en México hay ejemplos muy importantes de laicos que se han entregado en este campo de crear la conciencia social para defender los valores humanos y los valores de la libertad: libertad de conciencia, libertad de religión, que después son importantes para trabajar por el bien social, por el bien común y el bien de los más necesitados”.

