Ciudad de México.- El historiador franco-mexicano Jean Meyer ofreció la conferencia inaugural del Coloquio Internacional sobre la Guerra Cristera, organizado por la Conferencia del Episcopado Mexicano, la Universidad Pontificia de México y la Sociedad Mexicana de Historia Eclesiástica. En su intervención, titulada La memoria viva de los cristeros, Meyer abordó el proceso mediante el cual los veteranos del conflicto religioso rompieron un silencio de varios lustros para narrar su experiencia.
Meyer inició su exposición con una cita del escritor estadounidense Philip Roth: "Las memorias del pasado no son memoria de hechos, sino memoria de cómo imaginamos los hechos. Olvidamos las cosas no solamente porque no importan, sino más bien porque importan demasiado". Por ello, el historiador agradeció haber pertenecido al proceso con el que los veteranos cristeros fueron reconstruyendo su historia silenciada: "Ser vivo es ser hecho de memoria", sentenció.
El silencio de los cristeros
El historiador relató que, tras el fin de la guerra en 1929, los cristeros mantuvieron un silencio prolongado: "Aurelio Acevedo y varios de sus compañeros participaron en la segunda [cristiada] y no depositaron las armas sino hasta 1938. Luego hasta 1952, hasta la creación de David [revista cristera], son diez, quince años de silencio", señaló.
Meyer atribuyó ese silencio a la frustración y a la necesidad de digerir la experiencia histórica: "Gente como Aurelio Acevedo, creían que podían ganar la guerra. Entrega un regimiento de 500 jinetes perfectamente armados que estaban derrotando casi cada día al ejército federal. Entonces tenían la impresión que podían ganar la guerra. Y llegaron los arreglos, que pusieron fin a la guerra", explicó.
El historiador describió el silencio como un trauma: "Cuchicheos, silencios, quince años... Tengo una hija psicoanalista que me explicaba que eso era lo escondido adentro de los cristeros. Y de repente a partir de 1952, se encuentran en David. Aurelio Acevedo encuentra en David el diván del psicoanalista. Ahí de repente pueden hablar de lo que vivieron, de su trauma, de haberse sentido abandonados, traicionados. Necesitaban hablar para su cura y de repente hablaron", relató.
'Revista David', catársis de una historia silenciada
Meyer dedicó parte de su conferencia a la revista David, fundado por Aurelio Acevedo en 1952: "Una revista mensual, formato media carta, de 30 a 50 páginas. Siempre publicada el día 22 del mes. ¿Por qué el día 22? Porque Aurelio Acevedo se levantó en armas el 22 de agosto de 1926", señaló.
El nombre de la revista, explicó Meyer, aludía a la figura bíblica de David frente a Goliat: "David es el pequeño que derrota al gigante Goliat. Y para Aurelio Acevedo, David es el cristero", dijo. El historiador citó al propio Acevedo: "Ni soy periodista, ni soy historiador, ni siquiera cristero. Trato de dar a conocer mediante documentos, información y relatos los hechos. Pero el coraje cristero es grande y fuerte, se dobla pero no se quiebra".
Los arreglos y el papel de Pío XI
Meyer abordó el misterio de los arreglos de 1929 y el papel que el papa Pío XI tuvo para que se asumieran por los combatientes desde la obediencia: "El Papa tomó la decisión en ese momento, que a la distancia podemos considerar que era la más razonable de poner fin a una guerra que había durado tres años y que cobró 250 mil vidas en un país de 18 millones de habitantes, que había lanzado al exilio a Estados Unidos un millón de mexicanos", afirmó.
El historiador sostuvo que el Papa no fue engañado: "Sabemos perfectamente que el Papa no fue engañado y que él tomó la decisión. Una apuesta a largo plazo que más adelante Leopoldo Ruiz y Flores definirá como la ciencia de perder ganando. Y efectivamente, en 1938, vino la paz religiosa", declaró.
Sobre el sentir de los cristeros, Meyer citó a Acevedo: "El día más negro de su vida, la única vez que pensó en el suicidio fue el día cuando presentó su regimiento para entregar las armas". Añadió que "el problema fue la violación de los arreglos. Se firman en junio de 1929 y a principios de 1931 en el estado de Veracruz ya empieza lo que va a ser una verdadera persecución religiosa".
La masacre selectiva y la amnistía incumplida
Meyer documentó la violación de los arreglos por parte de autoridades locales: "¿Y la amnistía prometida a los cristeros? No. La matanza selectiva de los jefes cristeros para que no vuelvan a levantarse. Eso fue el problema, el verdadero problema, el verdadero misterio", señaló.
El historiador relató que, cuando los cristeros se presentaban a recibir su boleta de amnistía, "solamente se presentaron la tercera parte, pero los que se presentaron me contaron que el general federal les decía: 'Muchacho, no te quedes en tu pueblo o vente conmigo, te llevo en mi estado mayor, porque nosotros vamos a respetar la amnistía, nosotros los respetamos como adversarios dignos y grandes combatientes. Pero los políticos locales que ustedes asustaron tanto, nunca les van a perdonar'".
Los ecos de la memoria viva
Meyer describió su encuentro con los cristeros como una experiencia transformadora: "En 1966, don Aurelio y el doctor me llevaron a Silao [localidad donde se encuentra el Santuario de Cristo Rey]. Y frente a una asamblea de unos 200 o 300 cristeros en la plaza, me empujó adelante, me puso en medio del círculo y dijo:
'Aquí está ese joven historiador que vino de Francia con la misión de acabar con la conspiración del silencio. Ustedes tienen que ayudarlo. Esa es la última trinchera de la cristiada'. Y a partir de ese momento ya no hubo silencio", relató el académico.
Después de eso, relata que viajó por todo el país entrevistando a los veteranos: "Esos cristeros que hicieron de mí su locutor, su logógrafo", expresó. En 1973, al regresar a México, recibió la nacionalidad mexicana de honor. "Inmenso honor que me hicieron esos testigos de la imposible fidelidad", dijo.
Meyer cerró su conferencia con una reflexión sobre la "presencia real" de los cristeros: "Esa experiencia demasiado real, demasiado física de la presencia del hecho histórico de la tragedia de sangre y gloria que vivió México a la hora del conflicto religioso, transformó mi vida y me obligó a escribir un libro diferente", afirmó.
"Para los cristeros no se trataba de un proyecto político", insistió Meyer; y citó a don Bernardo González, tío del historiador Luis González y González, quien reflexionaba lo dramático de la paradoja que comprendía el levantamiento como legítima defensa de la fe, pero también la deposición de la violencia con el peso que la obediencia cristiana supone: "Qué bueno que llegaron los arreglos, porque seguramente hubiéramos ganado la guerra. Y hubiéramos llegado a Palacio Nacional y a lo mejor hubiéramos armado un gobierno sobre el modelo del general Francisco Franco en España... y hubiera sido una tragedia".
Por ello, Meyer hizo una lectura poética y desapasionada de la historia de las miradas que entonces y ahora escudriñan los acontecimientos de aquella época: "La memoria cristera fue el tiempo redentor, una redención que dura mientras dura el recuerdo". Y concluyó: "Todos debemos ser humildes, escuchar la voz de los hermanos difuntos, de los que murieron por su fe, combatientes y pacíficos".
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