Missouri, Estados Unidos.- La historia de los telepredicadores en Estados Unidos no comienza con los megatemplos de cristal ni con las cadenas satelitales. La teleevangelización comienza con un obispo de sotana, capa y solideo, parado frente a un pizarrón, hablando de moral y de fe en un programa que competía en sintonía con Milton Berle y Frank Sinatra. Ese obispo era Fulton Sheen. Este jueves, la Iglesia católica lo ha declarado beato ante cerca de 48.000 fieles reunidos en el Dome at America's Center de San Luis, Missouri.
La ceremonia, presidida por el cardenal Luis Antonio Tagle, legado pontificio de León XIV, comenzó con la lectura de solicitud de declaración de beato para el obispo Fulton Sheen. El arzobispo Louis Tiyka, obispo de Peoria, y Paul Cunningham, sobrino nieto de Sheen presentaron tanto los deseos de la Iglesia para la declaración como la biolgrafía del arzobispo.
Posteriormente, el cardenal Tagle leyó la declaratoria pontificia de la beatificación. La aprobación final la otorgó el papa Francisco y fue ratificada este año por León XIV, quien tiene un vínculo personal con Sheen. Según lo ha confirmado, el pontífice norteamericano lo vio en televisión durante su infancia en Chicago.
El milagro que destrabó la causa
Para otorgar la beatificación, el proceso canónico exige la verificación de al menos un milagro atribuido a la intercesión del candidato. En el caso de Sheen, ese requisito quedó cubierto por la recuperación de James Fulton Engstrom, un bebé que nació en 2010 sin pulso y fue reanimado tras prolongados esfuerzos médicos.
Su familia asegura haber pedido la intercesión de Sheen en esos momentos críticos. El Vaticano reconoció oficialmente el hecho como milagro y el joven, hoy adolescente, presentó las reliquias del beato durante la ceremonia, acompañado por su familia.
De Peoria a las pantallas de todo el país
Nacido en 1895 en el pueblo de El Paso, Illinois, y criado en Peoria, Sheen se ordenó sacerdote y obtuvo un doctorado en filosofía antes de ocupar una cátedra en la Catholic University of America, en Washington. Su trayectoria académica pronto cedió espacio a una vocación comunicadora que lo llevaría a las pantallas de todo el país.
En los años cincuenta condujo Life is Worth Living, un programa televisivo en el que impartía lecciones morales y religiosas sin limitarse a temas estrictamente católicos. El ciclo se emitió entre 1951 y 1957 y llegó a tener millones de espectadores. Al recibir un Emmy, Sheen agradeció a sus "escritores": los evangelistas Mateo, Marcos, Lucas y Juan. La prensa lo bautizó como el primer teleevangelista de Estados Unidos.
Una causa suspendida por investigaciones en Nueva York
La ceremonia de beatificación, originalmente prevista para 2019, fue postergada a pedido de la diócesis de Rochester, que Sheen encabezó brevemente en los años sesenta.
La razón fue de carácter precautorio: en ese momento, las autoridades judiciales del estado de Nueva York investigaban la actuación de diócesis en casos de abuso sexual por parte de sacerdotes. Las autoridades eclesiásticas concluyeron luego que el historial de Sheen no presentaba irregularidades que justificaran mantener la suspensión y el proceso se retomó.
"Que el ejemplo e intercesión de este santo obispo, conocido por su labor evangelizadora a través de los medios, inspire a muchos a encontrar nuevas formas de difundir el mensaje del Evangelio con entusiasmo", declaró León XIV el miércoles, en la víspera de la ceremonia.
Un legado que trasciende la pantalla
San Luis fue elegida sede porque ningún recinto en Peoria, la diócesis de origen de Sheen, tenía capacidad para albergar a los miles de peregrinos previstos. Los organizadores de la diócesis y de la Archbishop Fulton J. Sheen Foundation distribuyeron cerca de 48.000 entradas.
Sheen sirvió como obispo en Nueva York y falleció a los 84 años. Fue enterrado en la Catedral de San Patricio de Nueva York hasta que su sobrina ganó un juicio en 2019 para trasladar sus restos a la Catedral de Santa María de la Inmaculada Concepción de Peoria, ciudad donde fue monaguillo y donde fue ordenado sacerdote.
Para ser declarado santo, el candidato deberá contar con un segundo milagro verificado por el Vaticano tras la beatificación, el paso final dentro del proceso de canonización.

