Cuernavaca, Morelos.- Los obispos de México, Estados Unidos y Canadá han cerrado su histórico encuentro trilateral norteamericano con un llamado a la comunión y la defensa de los migrantes. En el esfuerzo de "hablar con una sola voz" y a tender puentes frente a las tensiones entre naciones, el Encuentro Fraterno de obispos delegados de las respectivas Conferencias Episcopales se realizó en Cuernavaca del 30 de agosto al 4 de septiembre pasado.
En su declararón final conjunta, los pastores agradecieron por compartir sus realidades, por la escucha mutua y el discernimiento de colaboración para la misión de la Iglesia en el norte del continente.
El encuentro contó con la presencia de Ramón Castro Castro, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano; Daniel Flores, vicepresidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos; Pierre Goudreault, presidente de la Conferencia de los Obispos Católicos de Canadá; además de los obispos Óscar Cantú, presidente del Subcomité de Asuntos Hispanos/Latinos del Episcopado estadounidense; y Eugenio Lira Rugarcía, responsable de la Dimensión Episcopal de Pastoral de la Movilidad Humana.
"En los momentos que estamos viviendo va a ser bastante más importante cada día, urge más que la Iglesia Católica en las Américas hable con una sola voz, defendiendo el honor de nuestro Señor y defendiendo la dignidad del ser humano, especialmente de los pobres, especialmente de los inmigrantes", afirmó Flores al término de la misa inaugural.
Cumbre trilateral de obispos: tres países, una misma fe
Castro Castro señaló que se trata de "tres países distintos. Tres Iglesias con historias y realidades diferentes, pero una misma fe, un mismo bautismo, una misma Eucaristía y una misma misión". El obispo mexicano recordó que, antes de tener responsabilidades, los obispos son "discípulos" y "hombres llamados por el Señor". "Quizá este pueda ser el espíritu profundo de este encuentro de la Iglesia en Norteamérica: volver a ponernos todos detrás de Jesús", expresó.
🇲🇽🇺🇸🇨🇦 Tres naciones, una Iglesia, un solo pueblo que camina en comunión.
— CEM (@IglesiaMexico) September 5, 2026
Concluyó el Encuentro Fraterno de los Obispos Delegados de México, Estados Unidos y Canadá.@USCCBEspanol @CCCB_CECC
En un momento en que las relaciones entre las naciones pueden experimentar tensiones y… pic.twitter.com/Bg2d22f1Fr
Entre los desafíos que enfrentan los pueblos de la región se reconocieron la violencia, la demagogia, la corrupción, la soledad, la secularización, el individualismo, el materialismo, la polarización, las familias heridas y los jóvenes que buscan razones para esperar. Sin embargo, reconocieron que "quizás uno de los temas más comunes entre nosotros tres, como países y conferencias, sea la migración", apuntaron.
La migración como eje central
De manera especial, la realidad de la movilidad humana ocupó un lugar central en las discusiones. Fue presentada por Eugenio Lira, responsable de la Pastoral de la Movilidad Humana de la CEM, en una clave trinacional que abarcó a México, Estados Unidos y Canadá. Contemplar el fenómeno desde el país de origen y de tránsito, y después desde los países de destino, permitió mirar juntos las dos orillas de un mismo camino.
El comunicado conjunto recoge que "en los rostros de quienes migran reconocimos historias, necesidades y esperanzas que reclaman cercanía, acompañamiento y solidaridad". Los obispos delegados identificaron iniciativas comunes que, como propuestas para fortalecer los caminos de colaboración, serán presentadas a sus respectivos Consejos Permanentes.
Flores y Cantú compartieron la experiencia de la Iglesia en la frontera sur. Recordaron que, al aumentar la llegada de niños y familias que buscaban asilo, las Iglesias locales salieron al encuentro de esa necesidad: en no pocas ocasiones fueron las mismas autoridades quienes llevaron a los niños y a sus madres a las parroquias, porque no había quién les diera de comer: "La Iglesia acogió a los que llegaban y representó, ante todos, el rostro humano de la hospitalidad", señala el texto.
En los años recientes, el endurecimiento de las políticas migratorias ha transformado ese panorama: la frontera se ha cerrado casi por completo y se han puesto en marcha programas de deportación masiva. "En el discurso público se ha perdido la distinción entre la falta civil y el delito, de modo que la sola condición de migrante sin documentos tiende a considerarse un crimen, cuando en realidad constituye una falta de carácter civil. Todo ello ha sembrado miedo y preocupación en las comunidades locales".
La experiencia de la Iglesia en Canadá
El obispo Goudreault ofreció una mirada complementaria desde una sociedad profundamente diversa y secularizada. Canadá es hoy uno de los países con mayor proporción de población nacida en el extranjero, un mosaico de culturas, lenguas y religiones.
En ese contexto, la Iglesia vive su misión atenta a cuatro prioridades: el desarrollo de iniciativas para la sinodalidad, la implementación de una estrategia nacional para el diálogo ecuménico, el discernimiento ante la inteligencia artificial, y la sanación y reconciliación con los pueblos indígenas.
Goudreault señaló que, aunque el panorama migratorio ha entrado en una fase de mayor restricción, en muchas diócesis son las familias migrantes y el clero venido de otras naciones quienes renuevan el dinamismo de algunas parroquias: "el migrante se vuelve también misionero, y la movilidad humana sostiene la vida de la Iglesia". Por ello, Canadá impulsa un nuevo Servicio Nacional para la Movilidad Humana.
La inteligencia artificial y la dignidad humana
En comunión con las directrices del papa León XIV los obispos norteamericanos también exploraron desde la encíclica Magnifica Humanitas la custodia de la dignidad humana en la era digital y de inteligencia artificial. Para los pastores "el misterio del hombre solamente se esclarece en el misterio del Verbo encarnado".
Los obispos reafirmaron que el desarrollo tecnológico es auténtico solo cuando sirve a la persona, y que la responsabilidad sobre la inteligencia artificial no puede delegarse: "no podemos dejar en manos de un algoritmo las decisiones que afectan nuestra dignidad, definiendo quiénes somos, para qué servimos o quiénes deben ser descartados".
"Custodiar lo humano —evocando la disyuntiva entre Babel y la reconstrucción de Jerusalén— es hoy una tarea común de la Iglesia en Norteamérica", señala el comunicado.
Un horizonte continental para la Iglesia
El encuentro abrió también al horizonte de todo el continente. Los pastores hicieron referencia al reciente Mensaje al Pueblo de Dios que peregrina en las Américas, elaborado conjuntamente por la USCCB, la CCCB y el CELAM, que recoge una convicción compartida: "somos una sola Iglesia en las Américas". Se expresó el anhelo de avanzar, de manera gradual y prudente, hacia una región de fraternidad episcopal de Norteamérica: un vínculo estable de comunión entre las tres Conferencias.
"Reconocemos que ningún migrante es un extraño para la Iglesia: en quien deja su tierra buscando seguridad y dignidad vemos el rostro mismo de Cristo que camina", concluye el comunicado.

