Atlacomulco, Estado de México.- En una masiva ceremonia y acompañado por una treintena de obispos mexicanos, el obispo Adolfo Miguel Castaño Fonseca tomó posesión como IV Obispo de Atlacomulco en las instalaciones del Seminario Conciliar Diocesano; durante su prédica, destacó el compromiso de "caminar con Jesús" venciendo la "esclerocardía" -la dureza de corazón- que impide dejarse tocar por la experiencia del Resucitado.

La ceremonia del inicio del ministerio episcopal comenzó con la recepción de más de 5 mil feligreses en las instalaciones del seminario donde fue recibido con porras y vítores; el nuevo obispo saludó de mano a la mayor cantidad de asistentes a través de las vallas humanas; también saludó al presbiterio de la diócesis y a otros invitados.
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En su recorrido de ingreso fue escoltado por Pedro Mena Alarcón, jefe de la Unidad de Asuntos Religiosos del gobierno del Estado de México, en representación de la gobernadora Delfina Gómez; y tras tomarse varias fotografías, recibió saludos y presentes de diversos representantes políticos del municipio de Atlacomulco, quienes le entregaron obsequios tanto para la ofrenda del servicio litúrgico como artesanías, crucifijos, cuadros y hasta una mitra con ornamentación artesanal local.
En las instalaciones del Seminario Diocesano, le fueron entregadas las letras apostólicas con las que el Papa le confía la guía pastoral de la diócesis de Atlacomulco al obispo Adolfo Castaño y lo desvincula de la diócesis de Azcapotzalco, iglesia en la capital de la República donde el obispo sirvió en los últimos 15 años. El nuevo obispo de Atlacomulco realizó la profesión de fe y el juramento de fidelidad a la fe cristiana y al romano pontífice; presidió el acto el nuncio apostólico en México, Joseph Spiteri, representante del papa León XIV quien, posteriormente, entregó la sede para que Castaño Fonseca prosiguiera la ceremonia.

El obispo predicó por primera vez a los fieles de su diócesis que le fue encomendada y reflexionó sobre la actitud del creyente ante la invitación a "caminar". Sentenció que no basta "ponerse en marcha" sino asegurar que el caminar no sea errático, desesperanzado o confuso. Al explicar el pasaje evangélico en el que los discípulos de Emaús caminan alejándose de Jerusalén tras los acontecimientos de la Pasión y Muerte de Jesucristo, el obispo Castaño dijo:
"...Los discípulos se alejan de Jerusalén y se alejan también de acontecimiento Pascual... caminan y conversan pero su discusión está marcada por la tristeza y desesperanza... ese caminar no es sinodalidad, es un caminar errático, triste, con conversaciones carentes de esperanza... Pero esa situación ocurre cuando el Resucitado no está ahí, está ausente... pues aunque Jesús va con ellos, sus ojos divididos y desalentados hacen que no lo reconozcan".
El obispo explicó que la conversación de los discípulos "no era falsa, tenía contenido, tiene verdad, no mienten, hablan de Jesús pero sin experimentar su presencia". Por ello invitó a distinguir de aquellos que pueden hablar mucho sobre Jesús "bellamente, elocuentemente" pero que lo hacen sin conocer su persona, "sin experimentar la presencia del Resucitado".
Por ello, invitó a reconocer que sólo Jesús Resucitado da sentido al caminar pues vence la esclerocardía para entender; dijo que, en el momento en que Jesús comenzó a explicarles las Escrituras "entonces el corazón de ellos empezó a arder... y le pidieron lo mejor que se puede pedir a Jesús: ¡Quédate con nosotros, ya es tarde y el día se acaba!"
Castaño Fonseca comparó esta enseñanza bíblica con la exhortación de la Iglesia católica a la Sinodalidad para "caminar juntos" y compartir ideas pero "no se trata de platicar cualquier cosa... sino de renovar el corazón, vencer la torpeza... para que arda nuestro corazón porque Jesús camina con nosotros [...] Entonces sí podremos llegar a ser una genuina Iglesia sinodal... no se trata de solo caminar juntos, platicando de cosas buenas o malas, ni siquiera de hablar de Jesús...sino sobre todo caminar con él".

Al final de la ceremonia, el obispo Castaño recordó al arzobispo Ricardo Guízar y Valencia; agradeció al cardenal arzobispo emérito de México, Norberto Rivera Carrera de quien recibió la consagración episcopal; reconoció el trabajo de los obispos mexiquenses Raúl González (hoy arzobispo de Toluca) y Juan Odilón Martínez García (obispo emérito de Atlacomulco); agradeció a su familia, hermanos y sobrinos "por su cariño y apoyo siempre incondicional"; así como a los sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosas y religiosas de Azcapotzalco con quienes colaboró hasta su nombramiento en Atlacomulco: "Sólo les reitero la invitación a caminar juntos, a orar juntos, a trabajar juntos por los senderos que nos manda el Señor" y confesó: "Ayer vine de incógnito... me causó mucha emoción ver tanta gente que estaba trabajando. Cuántos brazos, manos, corazones están trabajando aquí... en las parroquias en los decanatos... sólo quiero terminar insistiendo en que caminemos juntos de la mano del Señor".
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